domingo, 29 de noviembre de 2015

El conato de Eldritch pt 2 (Turnos 2 y 3)



 Mi cruzada personal por descubrir los entresijos del "Eldritch Horror" sigue adelante. Y este finde he podido jugar un par de turnos más aprovechando una alineación estelar extraña en la que las dos niñas se han dormido a la vez y mi mujer estaba ocupada en cosas que no me incluían a mi. Así que ahí va la continuación de la crónica. 


Turno2:
Tal como tenía previsto, nuestro héroe Silas (futuro salvador del mundo) se mueve de Sidney hasta Tokio de una sola tacada utilizando su habilidad especial de marinero, y una vez allí se va de compras para hacerse con una buena escopeta. Porque queridos amigos, como ya todos sabemos, los males venidos de los más lejanos rincones del espacio y del tiempo, no dan tanto miedo si tenemos en las manos una carabina del calibre 22.

Paseándose por las calles de la capital nipona se topa con un señor extraño vestido con ropas de monje  muy estropeadas, pero ni caso (se trataba de una prueba que requería poseer al menos un pista), y prepara sus cosas para navegar hacia el pacífico en busca de pistas sobre la actividad de los profundos.

Pero como el mal nunca descansa, simultáneamente a esto y mientras Silas viaja, los astros avanzan imparables, generando terribles desajustes en el tejido de la realidad. El portal abierto en Buenos aires escupe a un engendro cabrío y un nuevo portal se abre en Arkham. Al mismo tiempo, los hombres serpiente del amazonas parecen despertar se su antiguo letargo. La cosa se pone fea en el continente americano.

Turno3
Silas iza amarras (o como se diga) y navega hasta una pequeña isla del pacífico donde un ejército de profundos se sumerge hacia las profundidades (claro, por eso se llaman profundos). Silas aprovecha que han dejado la isla desatendida y encuentra una “Estatua grotesca” dedicada a Cthulhu. Tal estatua, además de ser el objetivo de su búsqueda (una pista), proporciona cinco pistas extra a quien la encuentra, por lo que se planta con seis pistas de golpe, más que suficientes para zurrar a los profundos de Sidney y resolver el primer misterio.

Pero oh… ¿He dicho ya que el mal nunca descansa? Pues cierto es, ya que en el ártico un grupo de adoradores de Atlach-Nacha (la reina de las arañas de Leng) logran invocar a la Gran Tejedora y ésta comienza a sembrar el terror en el mundo. Y esto cambia las prioridades de Silas, ya que de no ser derrotada pronto, quizás Cthulhu ya no tenga nada que devorar cuando llegue a despertar. Así que nuestro héroe no tiene otra que cargarse su carabina al hombro y disponerse a atravesar toda Norteamérica para enfrentarse a la despiadada deidad arácnida.

Más, y seguramente mejor (estos trurnos ha sido flojitos) en el siguiente fascículo.

sábado, 28 de noviembre de 2015

De especulación rolera



Generalmente uso un tono irónico-humorístico para las entradas de este blog (las del otro son directamente absurdas), ya que siempre me han dado cierto asquete esos blogueros que van de periodistas, analizan hasta el último detalle de los juegos y luego los ponen a parir aunque les gusten o los alaban como si se llevasen comisión. Pero por desgracia el tema que quiero tratar hoy hay que enfocarlo desde un punto de vista más serio porque, sinceramente, me cabrea un poquito. Más bien bastante. Por no decir mucho. Y se trata de la especulación que están sufriendo los juegos de rol actualmente.

Un ejemplo de precio inflado.
No voy a entrar en detalles porque casi todos sabemos de qué va el tema, pero lo resumo por si acaso: Un señor (o señora) tiene en su casa un juego de rol antiguo, descatalogado, y de las 1.500 ptas que le costó, decide venderlo por, por ejemplo, 30€ (un 300% de su precio nuevo en su época); cunde el ejemplo y al poco tiempo, esos que lo compraron por 30 lo venden por 50 y así algunos libros básicos (especialmente los de JOC y los de TSR) acaban costando cantidades exageradas. Y hasta ahí no pasa nada. Cada uno es libre de pedir el precio que le plazca y cada otro lo es de pagarlo o no. Pero ante esta tendencia se presentan tres problemas, a mi parecer.

Problema 1: ¡Se agotan las existencias!
Sí señores (y señora). Algunos manuales básicos, muy abundantes en su día son cada vez más escasos y por lo tanto aún más caros. ¿Por qué se piden 100€ por un Señor de los anillos básico si ese juego lo tenía hasta el Tato? Muy sencillo. Algunos coleccionistas afirman tener en sus casas varias copias del mismo (uno de la primera edición, otro con la caja, otro en catalán y otro repetido que es el que leen en el váter). Y ese afán coleccionista (muy respetable por otro lado) no ayuda en absoluto a un mercado de compraventa sano.

Problema 2: ¡Caca en venta!
Me pasó hace poco. Encontré en el ualapop a una chica en Barcelona que vendía un Aquelarre junto con el Rerum Dimoni por 12€. No tenía demasiado interés pero me pareció una oportunidad, así que fui a por ellos. “Tienen algunos desperfectos en el lomo y algunas páginas arrugadas” me explicó antes de la compra; pero cuando llegaron a mi casa se me cayó el alma a los pies. El libro básico no tenía desperfectos en el lomo, ya que ni siquiera tenía lomo; estaba pegado con cinta aislante; y el suplemento tenía toda la pinta de haber sido violado por un gorila; páginas despegadas, manchadas, pegadas… Un puto desastre. Y el problema no fue que me sintiera estafado, que total, eran 12€ y no era algo como para rasgarse las vestiduras; el problema era el pensar que ese tipo de mierdas estaban vendiéndose como si nada, cuando uno debería admitir que les ha llegado la hora de ir al contenedor del reciclaje.

Y problema 3: ¡El efecto contagio!
Es triste vender algo caro porque otro lo vende caro. Se llama envidia. Pero más triste es el ver que algunas tiendas “respetables” están haciendo lo mismo. Es decir… Que lo haga un particular, pase; cada uno es libre de hacer lo que quiera en su casa. Pero una tienda como Mathom o  Tesoros de la marca (nombro estas dos por puro desconocimiento de si otras lo hacen)… Me parece triste, realmente. Porque se supone que son los profesionales que se dedican a la venta (compraventa) de juegos quienes deberían mantenerse ajenos a estas tendencias y tener cierta ética con sus clientes. Y sinceramente y siempre recalcando que es mi humilde opinión… Si esto sigue así, para mí es un “apaga y vámonos”.
Diezmil Euros???  Esto es calderilla para un buen coleccionista.

viernes, 27 de noviembre de 2015

El conato de Eldritch pt. 1 (Preparación y primer turno)



Y contra todo pronóstico, ayer mismo tuve la ocasión de quedarme solo en casa un ratejo y lo aproveché, como no, para preparar la primera sesión de este conato (ver entrada anterior) y empezar a disfrutar del Eldritch Horror. Pero vamos, que nos vamos.

Preparación:
Si algo tiene este Eldritch Horror son cartas. Cartas de mitos, cartas de misterios, cartas de investigación, de eventos, de localización, apoyos, hechizos, artefactos, estados, cartas, cartas cartas… Un locurón. Y ya no es solo el reunirlas, barajarlas y colocarlas, sino también seleccionar las que vamos a usar (según el primigenio), crear minimazos y descartar las otras. Y todo ello sin contar con las fichas. Fichas de pista, de salud, de cordura, de viaje, de experiencia, de marcadores, fichas, fichas, fichas… Y al final, como el que no quiere la cosa, he perdido casi una hora de mi vida en el proceso. Supongo que una vez reconocidos los componentes, el proceso se agilizará bastante, pero creo que media hora de preparación no nos la quita nadie.

El siguiente paso una vez montado el tinglado es elegir a qué héroe encarnar de entre los… ¿8? Disponibles. En mi caso he elegido a Silas Marsh, un marinero de esos de parche en el ojo y pecho tatuado que arrastra una mancha oscura en su apellido. La elección ha sido porque una de sus habilidades especiales le permite viajar una vez adicional por turno siempre que sea por mar, y me da la sensación de que en una partida de un solo jugador, me hará mucha falta esa movilidad extra. Además, empiezo con una red. ¡Una red! A pescar profundos se ha dicho. 

Y en el lado opuesto, en el del primigenio a combatir, elijo a Cthulhu, como no; por un lado porque soy un clásico (aunque Shub-Nigurath siempre ha sido mi favorito) y por otro porque así todo queda en el mar y se crea una de esas bellas combinaciones trasfondísticas. ¿Logrará Silas evitar el despertar de Cthulhu o por el contrario sucumbirá a su llamada y se unirá a él en las profundidades? Oooh, que dramático todo.

Finalmente hay que colocar las fichas correspondientes al inicio de la partida, que son un portal dimensional abierto en Buenos Aires (con un maníaco que no para de decir "boluudo, boluuudo" custodiándolo), una pista a encontrar en Roma y una misión que realizar en el Corazón de África (las misiones son encuentros especiales que pueden otorgar grandes recompensas). Al mismo tiempo se revela una carta de Misterio de Cthulhu que resulta ser un ataque de profundos en una costa cercana. 

Silas empieza en Sidney (Australia), y debe decidir si enfrentarse con los profundos, ir a cerrar el portal, hacerse con la pista o ir a por la expedición. Mucho trabajo para un solo hombre, pero recordemos que Silas Marsh… Lleva el pecho tatuado.

Este es el aspecto que tiene el juego una vez preparado

Turno 1:
El turno se compone de tres fases: Acción, en la que decidimos qué va a hacer nuestro personaje de entre un variado elenco de opciones; Encuentro, en la que nos enfrentamos a un desafío cuya dificultad y recompensa (o magnitud de la cagada) depende del tipo de casilla en la que estemos y finalmente Mitos, en la que es el Primigenio quien mueve ficha.

En la fase de acción podría moverme hasta la casilla donde están los profundos para intentar derrotarles, pero me encuentro con dos problemas. El primero es que Silas está muy verde como héroe; y el segundo que para derrotar a los primigenios y me contabilicen como “Misterio resuelto” (hay que resolver tres misterios para ganar la partida), tengo que gastar una ficha de pista y todavía no tengo ninguna. Así pues necesito una pista y ésta está a tomar por saco (en Roma), por lo que decido quedarme en Sidney, adquirir algo de equipo (me sale una tirada flojita y solo puedo optar a una “pata de conejo”) y comprar un billete de barco que me permitirá viajar aún más por el mar.

En la fase de encuentro, como en Sidney no pasa nada raro (aún), robo una carta de encuentro normal y Silas tiene una pesadilla chunga de la que sale airoso y fortalecido, con lo que está más preparado que antes para enfrentarse al mal.

En la fase de mitos aparece un rumor en el círculo polar ártico (algo que puedo optar por investigar en el futuro), así como una nueva pista en el pacífico. Esto último me viene de perlas porque me queda mucho más cerca para hacerme con ella en el siguiente turno.

Y así termina el primer turno; con pequeños beneficios para el bueno de Silas y sin grandes amenazas a la vista. Aunque no sé porqué, tengo la sensación de que la cosa se va a complicar en el futuro.

Y aquí Silas, listo para enfrentarse a un mal antiguo e innombrable

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Eldritch Horror (El conato de Eldritch)




Sé que este es un blog dedicado a cosas mediocres, juegos marginales e ideas enmohecidas, y que el Eldritch Horror, juego del que voy a hablar hoy es uno de esos juegazos que van en caja grande, que disponen de expansiones y que han ganado premios a mansalva… Sé que no me pega, pero… Hace muy poco me lo entregaron (no voy a decir quién ni en qué circunstancias) como regalo de cumpleaños retrasado (como yo) y, aparte de darme una de las alegrías de mi vida, hizo posible esta subida de nivel del blog, el cual estoy planteándome llamarlo “El blog ya no tan mediocre como antes”.

Pero sea como sea, no voy a hacer ningún “unboxing” ni “reviewing” ni cosas de esas que se hacen ahora. Y es que yo soy de los que piensan que la mejor manera de conocer un juego es aprendiendo a jugar y para ello, lo mejor es jugar. Y he aquí mi problema: ¿Cuándo voy a encontrar tiempo para quedar, montar el juego, jugar a la par que aprendemos las reglas y no morir en el proceso? Porque una partida de esto tiene que ser larga (de dos a cuatro horas según la caja) y un hombre en mi posición (autónomo y padre de familia) tiene más facilidad para recibir el impacto de un meteorito con pruebas irrefutables de vida extraterrestre, que de jugar una partida en condiciones.
¿Qué hacer entonces? ¿Cómo hablar de este juego en condiciones? Pues muy fácil: Recurriendo a la triste pero efectiva, Masturbación lúdica. Es decir, jugar solito. De este modo, podré dejar la mesa montada e ir avanzando en la partida cuando encuentre huecos, para poder así hablar del juego con un poco de propiedad. 

Y como está muy de moda lo de ponerse retos y desafíos y otras muestras de autoconvencimiento de que uno puede hacer lo que quiera si de verdad se lo propone y no es muy difícil, he decidido crear una nueva sección en el blog llamada “El conato de Eldritch” y que espero que no se quede colgada como sucedió con la “Saga de Kash” o el “Reto Arcanum” y pueda llevarla a buen puerto en un par de semanas.

Así que ya lo sabéis. Si queréis conocer este estupendo juego sin necesidad de pasar por caja ni tener que hacer nuevos amigos, estad atentos al blog, pues irán apareciendo pequeñas entradas que irán narrando la experiencia.
De nada, de nada.
(Reverencias)   

¿Quieres encontrar facilmente las entradas? 
Parte 1: Preparación y primer turno aquí.
Parte 2: Turnos dos y tres aqui.
Parte 3: Turnos cuatro a seis aqui.
Parte 4: Turnos siete y ocho aquí.
Parte 5: Turnos finales aqui.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Frikis verdes en la montaña (De frikis y no frikis parte 2)

Aunque esta es una entrada individual que puede leerse sola, es recomendable conocer su predecesora, la cual puede leerse aqui. Y vamos al lio.



Hace unas semanas me animé a quitarle el polvo a mi bicicleta y salir a dar una vuelta por eso de “hacer ejercicio” y “dar el aire” y también, por qué negarlo, para huir de la vorágine de llanto, moco y caca de mi hogar dulce hogar. Y normalmente, siempre que salgo a pedalear me pasan cosas apasionantes que cuento en mi otro blog, pero esta vez voy a hacer una excepción, ya que lo sucedido, y más aún la reflexión final, tienen algo que ver con la temática de éste. Pero me dejo de prólogos y voy a lo que pasó.

Lo acaecido:
Serían las seis de la tarde (antes del cambio horario que nos desestabiliza los biorritmos un par de veces al año) y me decidía a subir la empinada cuesta que lleva al castillo. Para muchos no es una proeza, pero para mí es como subir al olimpo, beber de los icores divinos y volver a bajar cargado de tesoros inimaginables (autoestima); aunque en realidad solo es una excusa para ver a las chicas haciendo footing (running, perdón si no es lo mismo). Pero ese día iba a  ser diferente, ya que cuando giré la curva que lleva directamente a la carretera del castillo, me encontré con un espectáculo inesperado: Jeeps pintados de verde, militares con fusiles de asalto, carros de combate de esos con muchas ruedas, ametralladoras, cañones… ¿Qué mierdas estaba pasando? Mi primer pensamiento fue que había empezado una guerra y yo no me había enterado, así que me decidí a dar la vuelta, hacerme con unos ladrillos e ir a saquear la tienda de rol más cercana; pero por suerte (o por desgracia, ya que era mi único modo de hacerme con un “Horror de Eldritch”), un amable transeúnte, oriundo del lugar, me comentó que ese castillo precisamente supone un punto estratégico militar y que muy de vez en cuando se desplaza un destacamento para hacer prácticas. Me quedé más tranquilo y seguí pedaleando, pero con cierto desasosiego.  No tenía ya la moral del principio. Hasta que llegué frente a una especie de tanquecito que cortaba el paso a los civiles. Y yo por lo visto soy un civil.
Entonces bajé de la bici y miré al tipo que asomaba por la parte superior del vehículo. Era un chico joven, con la indumentaria reglamentaria, un casco y unas gafas de sol; solo le faltaba estar masticando un hierbajo, como en las pelis. Me quité las gafas de sol y clavé mi poderosa mirada en él. Él se quitó las suyas y me miró con cierta superioridad. La superioridad del tipo que tiene en las manos una ametralladora con la que te puede volatilizar en cuestión de segundos. Pero yo no soy un tipo cualquiera. Yo no iba a renunciar a mi tarde de bicicleta, dar la vuelta y volver a mi casita tal cual. Así que le miré a los ojos y le dije (muy despacito, eso sí, que no me oyera y me pasara por encima con su especie de camioneta de seis ruedas) “Eres un friki”. Y ya me di la vuelta y emprendí mi camino de regreso a casa.
Pero… ¿Qué conclusión se puede sacar de este desigual encuentro?

La postrimería:
Todo tiene su fin y su objetivo en la vida. Los militares están ahí para luchar en las guerras, para defendernos de nuestros enemigos, para evacuar pueblos inundados… Pero cuando no están haciendo eso no son más que una pandilla de tipos disfrazados que juegan a la guerra subvencionados por el estado. ¿Y es eso malo? Para nada. Pero no quita que sean unos frikis. Como nosotros. Los que interpretamos a los héroes de fantasía sentados en una mesa también somos frikis, lo cual no quita que estemos esperando nuestro momento de demostrar al mundo el resultado de nuestras particulares “maniobras militares”. Porque seamos sinceros… ¿Cuándo haya una invasión zombi quienes sacarán los “lobos” de lo alto de sus armarios roperos y saldrán a la calle a luchar? ¿Cuándo se rompa algún sello antiguo y Ry’leh surja de las aguas, quienes sabremos como cerrar los portales primigenios? ¿Y quienes saben cómo combatir dragones, cazar fantasmas o matar vampiros?
Algún día los que nos llamaron frikis golpearán nuestras puertas desesperados y entonces les miraremos con esa superioridad del que lo tiene todo controlado mientras en el mundo se desata el infierno y por fin, todos aquellos que alguna vez dijeron que esto del rol era perder el tiempo tendrán que callarse y rendirnos pleitesía. He dicho.

¿Quien se ríe ahora, eh, militarcillo de pacotilla?