martes, 26 de abril de 2022

Esta vez tengo excusa.

Que sí, que sí, que no cuesta nada pasar por aquí y hablar de frikadas de vez en cuando, pero os juro que esta vez mi ausencia está justificada.

No voy a entrar en detalles de qué me ha pasado, pero sí voy a dejar una captura del mail que me ha enviado mi médico hoy y que me ha parecido gracioso tanto por el contenido como por el nombre con el que se dirige a mi.

 

Lo dicho. He pasado de ser un jóven y sano jugador de rol y wargames al nuevo hombre elefante del circo de la medicina. Pero estoy bien, no os preocupéis, y muy pronto volveré con más estupideces de las mias.

Un abrazo y cuidado con el sol.
 


domingo, 13 de febrero de 2022

Adam's wrath

 


Llevaba ya bastante tiempo sin reseñar ninguno de los antiguos suplementos de Ravenloft y aunque podáis pensar que la causa de esta ausencia se deba a mi natural pereza y desánimo, la realidad es que pensaba hablar de este módulo y no tenía muy claro como enfocarlo. Y es que Adam’s Wrath, o el homenaje al gran Frankensteis de Mary Shelley que sacaron para Ravenloft es una aventura odiada por algunos, que la tildan de “railroading” y amada por otros (entre los que me encuentro) ya que se aleja de los tópicos mazmorreros y los jugadores no dejan de sorprenderse y maldecir al dungeon master durante toda la partida. Así que voy a proceder a destriparla (ojo spoilers, pero eso ya lo sabéis) para tratar de que manipular vuestra opinión en mi favor. ¿Vamos allá? Pues vamos allá.


El cómo el cuando y el quien:

Adam’s wrath fue escrita por Lisa Smedman, autora de múltiples artículos en la revista Dragón, aventuras para Dungeons & Dragons y novelas varias, y publicada en el año 1994, justo después de la caja roja, siendo la primera aventura oficial de la renovación de la campaña original. La portada es de Doug Steward y las ilustraciones interiores en blanco y negro de Mark Nelson. Como era habitual se presentó en formato libreto de sesenta y cuatro páginas sin grapar las cubiertas y con un mapa a color desplegable en su interior.


El argumento:

La cosa empieza regular para los jugadores, ya que nada más abrir el telón éstos se encuentran en un barco atrapado en medio de una tormenta dirigiéndose a toda leche y sin control alguna hacia unos afilados arrecifes. Se alienta en este punto al dungeon master a describir con todo detalle las horribles muertes de los aventureros ante los desesperados jugadores que no podrán hacer otra cosa que tirar dados y revisar sus fichas en busca de algo que les salve. Pero como en Ravenloft la muerte no suele ser el final de nada, despertarán de nuevo.

En el laboratorio del Dr. Mordenheim descubrirán que sus cuerpos han sido sustituidos por constructos de carne en los que se han preservado sus cerebros para la futura reinserción en clones creados por el científico loco. Ahí empieza la primera parte de la aventura en la que el amable doctor les pide a los jugadores que le ayuden a recuperar a su esposa, secuestrada por un terrible monstruo, Adan, su propia creación. Y así, usando unos poderosos cuerpos que no son suyos, empieza un periplo que les lleva a descubrir que ni el doctor es tan buena persona, ni ese monstruo tan monstruoso, ni ellos las únicas creaciones de tan terrible ciencia. Y ahí el debate interno, pues si no colaboran con el doctor no recuperan sus cuerpos, pero si lo hacen quizás tampoco y además estarán cometiendo un acto vil y despreciable.

¿Lograrán los desgraciados aventureros terminar la aventura vivos? ¿Pero vivos y con sus cuerpos? ¿Pero vivos y con sus cuerpos y salvando a la bella dama? ¿Pero vivos y con sus cuerpos y salv..? Bueno, creo que ya se ha entendido.

El contenido:

Además del libro propiamente dicho, con un anexo que incluye algunas páginas de compendio de monstruos, la parte interior de la cubierta contiene mapas en blanco y negro de la mansión del doctor y del monasterio de los golems, mientras que el mapa desplegable nos muestra varias localizaciones de la partida tales como la guarida de Adam, el hogar de una bruja marina, la zona del naufragio o los misteriosos niveles inferiores de las montañas de la Bestia Dormida. Así como un mapa detallado de Lamordia, dominio en el que transcurre toda la acción.


Conclusiones:

Es cierto que durante toda la aventura los jugadores pueden decidir pocas cosas y que al final se convierte en un corre corre que nos pillan en el que tratarán de sobrevivir lo primero y tomar decisiones trascendentales lo segundo y quizás ni eso, pero los múltiples giros de guion, las situaciones extrañas en las que se verán metidos (porque perder sus cuerpos y jugar con otras hojas de personaje es solo el principio) y el terrible descubrimiento del final harán que recuerden este módulo durante mucho tiempo. Y para todos los que lo tildan de lineal y que se sienten frustrados por no poder desarrollar en él las complejas personalidades de sus personajes, recordarles que aquí se viene a pasarlo bien y comer panchitos y que todo lo demás es secundario. Un abrazo.

domingo, 6 de febrero de 2022

Tau en novena edición (según el nuevo codex de 2022)

 


Hay que ver como pasan los años. Sin apenas darnos cuenta, ese arbolito del solar de enfrente ha crecido tanto que el ayuntamiento lo ha talado, esos niños que apartabas con desprecio mientras jugaban en el parque te atropellan con sus nuevos y flamantes coches y esa serie que veías tan ilusionado en la tele se ha convertido en una inmundicia que ofende a la inteligencia humana. Y como no, las gentes de Games Workshop siguen actualizando sus codex, llegando por fin a mis queridos Tau, que no veían actualización desde 2013. Ya os vale Games Workshop, ya os vale.

Como ya todos sabréis, los ejércitos actualizados suelen funcionar muy bien en mesa y van languideciendo con los años al irse renovando reglas y otras facciones. Hay malpensados que creen que esto es una estrategia empresarial para que la gente se vea fascinada por esos poderosos ejércitos y compre miniaturas y libros de forma compulsiva, mientras que otros lo ven como un daño colateral de la necesaria evolución del juego. Sea como fuere, los Tau llevaban algunos años con la cara hundida en el barro, solo siendo viables para torneos listas extremadamente afiladas y optimizadas (eso significa repetitivas y aburridas), dejando muy pocas opciones a la variedad de tropas. Ahora, el nuevo codex parece haber equilibrado las cosas y mejorado todas las unidades para permitir que podamos poner en mesa lo que nos de la gana sin hacer el más espantoso de los ridículos. Pero no me enrollo más y vamos a ver, así muy por encima, los cambios y novedades de este nuevo codex.

¿Qué hay de nuevo viejo?

Sinceramente, muy pocas cosas. Quienes esperábamos nuevas armaduras de combate, tropas auxiliares alienígenas y apoyos mecanizados, nos hemos quedado con las ganas. Esto es algo que me da mucha pena pues el lore (trasfondo) del Warhammer 40K tiene margen de sobra para meter cualquier locura imaginable pero de haber novedades nos las dan con cuentagotas. En este caso y tras diez años prácticamente desde el último codex solo se han renovado las miniaturas de Darkstrider y los pathfinders, que curiosamente ya eran de las “nuevas”. Sinceramente, esperaba nuevos muñequitos kroot o por lo menos algún vehículo nuevo pero no. Habrá que esperar otros diez años.

¿Entonces qué es lo que pasa aquí?

La actualización del ejército no se ha basado en meter cosas nuevas, como ya acabo de escribir, sino en mejorar las ya existentes. Ahora nuestra infantería lleva mejores armas, nuestras armaduras de combate llevan mejores armas, nuestros vehículos llevan… creo que ya se ha entendido. Lo mismo pero mejor, para matar más y desde más lejos y que no nos pase eso de lanzar cuarenta dados de disparo para cargarnos a dos marines espaciales.

¿Significa esto que se jugará como siempre?

No necesariamente. Ahora, debido al nuevo equipo, reglas de unidades y estratagemas, el juego tau pasará de ser tan estático, con todas las tropas detrás rezando por que el enemigo no llegue al asalto, a convertirse en una especie de guerra de guerrillas, con ataques relámpago (incluso a corta distancia gracias a los mantarraya y los equipos irruptores), retrocesos, incluso saltos en el tablero para aparecer por sorpresa por detrás y freír al rival. Resumiendo podríamos decir que ahora se jugará al movimiento, captura de objetivos y combate a larga distancia.

¿Y ya no hay nada más?

Por supuesto, solo que me había dejado lo mejor para el final. Y es que en esta actualización de reglas no solo tenemos las estrategias de combate actualizadas, sino que cada sector tiene su propio trasfondo, reglas y estrategias, además de permitirnos crear nuestro propio sectorial para adaptarlo a nuestra forma de juego. Ahora ya no hay excusas para decir eso de “me tengo que quedar atrás disparando con los ojos cerrados porque me asaltan” o por lo menos no decirlo tan alto ya que… ¡Otro juego es posible!

Y como novedad máxima, y en mi opinión personal lo único que salva a este libro de la quema, la posibilidad de crear un ejército enteramente kroot, o al menos liderado por un comandante de esta raza, con sus propias reglas especiales, equipo y tipo de juego.

¿Vamos con las conclusiones finales?

No sé si este nuevo codex valdrá lo que cuesta, cuanto tardarán en sacar los folios de “faqs” que lo modificarán o encontrarle los combos para jugar siempre con lo mismo, pero ahora mismo me parece que todo lo que hay en él era totalmente necesario para actualizar un ejército que lo estaba pidiendo a gritos. Y aunque realmente nada ha cambiado demasiado (ese disparo a 4+, pordios qué vergüenza), sí lo ha hecho lo suficiente como para darles una oportunidad a esas viejas minis que nunca veían mesa.

lunes, 17 de enero de 2022

Expediciones más allá de los cuarenta.

 

Este fin de semana me decidí, luché contra mi pereza y cogí el coche para ir a visitar las tiendas frikis de la capital, como solía hacer antaño, con la intención de llevarme a casa alguna cosilla con la que engrosar mis ya gruesas de por sí estanterías. Hace unos años esta era una expedición común que solía hacer con la mayor frecuencia posible pues debido a mi actividad en redes, lecturas de blogs, etcétera, siempre tenía alguna novedad en mente a la que quisiera echarle la zarpa. Pero desde hace un par de años y con mi actividad lúdica totalmente centrada en los juegos de miniaturas, podía subsistir tranquilamente con compras esporádicas en Wallapop.

Fui a Alicante, como decía, en busca de la mítica librería Ateneo y su vecina Comix City, ya que tenía hambre de tebeos, pero antes y por motivos familiares, tuve que pasar por el FNAC; y allí empezaron los problemas.

Por algún motivo parece ser que los señores cuarentones somos carne de cañón para un sector industrial que nos ofrece rememorar nuestros mejores años de la infancia por un módico precio, claro está, e inundan nuestros sentidos de maravillas que hace diez años eran impensables. Nada más entrar me topé con una estantería repleta de figuras de Dragonball (de las cuales tengo ya alguna), Masters del Universo (que también), Tortugas ninja y Alien. Estaba el delorean en lego, peluches con forma de caca de Arale, carteras, gorras, camisetas… Tuve la misma sensación que cuando de pequeño me llevaban a una juguetería y me decían que eligiera una sola cosa que además no podía ser muy cara. Pero yo había ido allí con un propósito y por eso me fui directo a la zona de cómics sin pararme a ver música, libros ni juegos de ningún tipo. Y allí, en tan colorida sección mi cerebro terminó de saturarse; porque aunque nunca he sido un gran lector de tebeos, la impresionante oferta que me encontré me tuvo casi una hora mirando, hojeando, sopesando y sudando a chorro sobre páginas repletas de historias fabulosas de toda índole. Y quizás precisamente por ese exceso de oferta, fui capaz de largarme de allí sin gastarme un duro.

La siguiente parada, esta vez sí, la Ateneo. Pero ya no era la Ateneo que yo recordaba; supongo que no debido a que hubiese cambiado demasiado, ya que en esencia ofrece lo mismo que siempre, sino porque al entrar yo sin un objetivo definido, todo me parecía interesante, y otra vez me vi sobrepasado.

En la sección de juegos de rol vi el nuevo RuneQuest de Edge, un libro por el que hace unos años me habría vuelto loco y que ahora me parecía excesivo en cuanto a precio y grosor; también me encontré con un juego de rol de Alien, varias ofertas parta los más peques y como no, clásicos remodelados de Dungeons&Dragons o La llamada de Chthulhu. Mucho rol, en definitiva, que ahora me parecía algo tan lejano que ni siquiera podía pensar en comprar.

Pasé como una exhalación por delante de los juegos de mesa, cuya sección engorda a un ritmo alarmante, y me paré en seco ante la cada vez más reducida vitrina de Warhammer. ¿Soy yo o es que cuando algo me gusta, languidece para los demás? Y aquí no pude resistir la tentación ya que estaba anunciado todo al 25% de descuento (lo cual es el precio normal de las figuras hace dos o tres años) y me llevé una hermosa cajita de armaduras miméticas del imperio t’au, sellando así mi primera compra del día.

Salí de la Ateneo dando volteretas laterales entre cajas del castillo Grayskull y figuras de plástico gigantes de One Piece para cruzar la calle con un salto mortal con triple tirabuzón trasero y plantarme en la puerta de la Comix City entre aplausos de todos aquellos que contemplaron mi gesta, que fueron nadie porque todo el mundo miraba a un señor disfrazado de stormtrooper. Y una vez dentro, más de lo mismo: sobredosis de tebeos ordenados por temáticas, autores en orden alfabético y tamaños de lomo. Me mareé un poco y de pronto me vi rodeado de jóvenes alegres que sí parecían saber qué buscaban; y me sentí como una vieja barca de pesca a la deriva en medio de un lago invadido por motos acuáticas y tablas de kitesurf; un abuelo que sale del cine después de ver una de Marvel y que insulta a todos los que dicen que les ha gustado porque “no tenéis ni idea de cine, en los ochenta sí se hacían buenas pelis”; un ancestro que sale de su cueva en taparrabos para descubrir que acaban de construir una autovía de circunvalación en su puerta y no tienen ni idea de como cruzarla para alcanzar las tierras de caza…

Me despierto en la trastienda ante la indiferente mirada de la dueña del negocio y su fiel ayudante. “¿Otro cuarentón que se ha mareado?” dice él “Sí. Dale lo de siempre y que se vaya”. Y así salgo de la tienda con una sonrisa en el rostro, mirando mis nuevos cómics de las Tortugas ninja y He-man, ocultándolos de los jovenzuelos que solo compran tebeos con nombres raros, de esos en blanco y negro que se leen al revés.

Y al llegar a casa encuentro mi momento de paz, leyendo páginas llenas de personajes conocidos, montando muñecos de plástico que seguro que verán mesa y esperando a que estas estanterías que me rodean, se caigan encima de mi de una vez, y me entierren bajo todo aquello que he sido.

He aquí mis adquisiciones.

 

miércoles, 8 de diciembre de 2021

Trastos

 


Miro con cierta apatía mi estantería repleta de juegos de rol, los más raros de los cuales están bien protegidos en fundas de plástico y cajas de cartón, y no puedo evitar sentir algo de melancolía y un sabor amargo en mi paladar.

Hace unos años era capaz de admirar esos libros, los mapas que contienen y las ilustraciones que los adornan con auténtica devoción, atesorándolos como pequeñas obras de arte incomprendidas, como retazos de mi pasado y por qué no, sueños de un futuro en el que podría disfrutarlos de nuevo.

Pero los años pasan y cada vez visito menos ese rincón de mi casa, incluso planeo cambios de emplazamiento para sustituirlos por las coloridas figuras de plástico que pinto con esmero.

Y mientras pienso en esta terrible traición a mi yo coleccionista del pasado me doy cuenta de que al final, independientemente de los pretextos que nos pongamos, las excusas que encontremos o las nomenclaturas rimbombantes que les demos, todo aquello que adorne una estantería no es más que un trasto. Por mucho que lo hayamos anhelado o disfrutado en el pasado, llega un momento en el que las cosas pierden la gracia y molestan, en que todo es carne de trastero o desván, o caja en el rincón de un almacén procurando que no moleste cuando metamos el coche porque si no, a la basura que va.

Al igual que nosotros que siendo ahora respetables padres de familia, trabajadores modelo, amigos de sus amigos, almas de fiestas o reuniones varias, algún día envejeceremos, perderemos nuestra chispa, llámalo motivación o ganas de seguir existiendo y terminaremos relegados a nuestras estanterías, metidos en cajas de madera, y esa foto que ahora luce enmarcada en medio del pasillo, testigo de los buenos tiempos, terminará metida en la caja del párking, ojo que no le haga ningún rascón al coche porque a la basura que va.

Porque de los trastos venimos y en trastos nos convertiremos.

PD: ¡Echadle un vistazo a mi comic en este enlace, que está a punto de terminar el primer capítulo y se está poniendo muy interesante! Y no olvidéis darle follow, like y comentar.