martes, 11 de junio de 2019

Esas divertidas amputaciones: Otra regla casera para RuneQuest


Una de las cosas que más llama la atención del RuneQuest son las reglas de amputaciones. Recuerdo que cuando descubrimos el juego y empezamos a jugar era posiblemente lo que marcaba la diferencia frente a otros como el D&D, el Chthulhu o Stormbringer (aunque éste último tiene sus propias reglas de heridas graves) y cada vez que veíamos saltar un brazo o pierna por los aires nos llenábamos de alegría y alborozo... a no ser que fuera propio, claro está.
La cosa podría quedarse así: "Cuando el daño recibido después de aplicar la armadura dobla los puntos de golpe totales de la extremidad, con un solo golpe por supuesto, si el arma era del tipo cortante, la extremidad queda seccionada". Pero es algo más complejo ya que si acudimos al conjuro "Regeneración" vemos que antes de lanzarlo se nos pide tirar un dado porcentual para ver la parte de miembro que hemos perdido con el fin de determinar el tiempo de curación. ¿Pero y si no podemos permitirnos un conjuro de regeneración? ¿Y si jugamos a una campaña sin magia? ¿Cuales son las consecuencias si nuestro personaje queda tullido y a pesar de eso no queremos crear otro? Es por eso que he decidido confeccionar unas sencillas reglas caseras para determinar la gravedad de las amputaciones y sus consecuencias, así como posibles soluciones. Vamos allá:

Reglas para brazos amputados:
"Si alguien encuentra mi brazo que recupere el rolex"
En el momento que una extremidad superior queda seccionada, tiraremos un dado de 100 para determinar la altura a la que hemos sufrido el corte.
01-10: Falanges medias.
11-20: Pulgar.
25-40: Falangers proximales (excepto el pulgar)
40-60: Mano.
61-80: Codo.
81-00: Hombro.

Consecuencias y remiendos:
Falanges medias: Acabas de perder las puntitas de los cuatro dedos desde el índice al meñique. La herida duele, sangra y sin duda vas a tener que rascarte con la otra mano ya que te has quedado sin uñas. A partir de ese momento recibirá un -10% a todas las habilidades manuales que comporten la utilización de esa mano, incluyendo sostener un arma o escudo.

Pulgar: Una herida bastante común en los combates cuerpo a cuerpo es la pérdida del pulgar o "dedo de agarrar". Precisamente el pulgar es lo que nos distingue de los monos (eso y lo del culo rojo) y por ello un personaje sin pulgar tendrá serias dificultades en sus habilidades manuales. En primer lugar sufrirá un -25% en todas las habilidades que impliquen utilizar la mano dañada y además no podrá sostener con firmeza ningún objeto con esa mano (exacto, armas y escudos). Quizás un herrero o artesano habilidoso podría adaptarle un escudo o arma pequeña para ser utilizada con esa mano, pero no se libraría del penalizador antes indicado.

Falanges proximales: Si pensabas que no tener pulgar era triste, más triste es tener solamente el pulgar. La mano queda practicamente inutilizada (-50% a todas las habilidades que la requieran) y sostener objetos se vuelve imposible. Puede que alguien con habilidad logre adaptar un arma pequeña o escudo pero seguiría aplicandose el -50% a luchar.

Mano: Ahora si que la hemos liado. La mano queda seccionada a la altura de la muñeca, dejando un bello muñón en su lugar. No es el fin del mundo pero sí que lo vas a tener difícil para tocar el violín. Todas las habilidades manuales que requieran ambas manos resultan imposibles y en caso de duda se aplicaría un -75%. Un buen ortopeda podría colocar un garfio, cuchara o sacacorchos en el muñón, pero manejar armas o sostener un escudo con firmeza resulta imposible. Además el personaje pierde de forma permanente 1 punto de DES.

Codo: Igual que el resultado de arriba pero sin la posibilidad de poner un garfio. Además, la pérdida de DES pasa a ser de 2 debido al desequilibrio.

Hombro: Da igual que sea bajo el hombro o por encima. El brazo ha dejado de existir en su totalidad. Se pierden 3 puntos de destreza además de las consecuencias arriba descritas para la pérdida de una mano.

Reglas para pérdidas de piernas
"Sin patitas no hay galletitas"
En el momento que una extremidad inferior queda seccionada, tiraremos un dado de 100 para determinar la altura a la que hemos sufrido el corte.
01-15: Dedos.
16-25: Empeine.
25-50: Pie completo.
50-75: Rodilla.
76-00: Ingle.

Consecuencias y remiendos:
Dedos: Vaya por dios... Si solo hubieses apartado el pie un segundo antes... Un hachazo, espadazo u otra agresión que parecía que se iba a perder en el duro suelo ha pillado por medio la punta d etu pie, separando tus bonitos dedos del resto del cuerpo. Ya nunca más vas a tener que cortarte las uñas, ni vas a sufrir de uñeros, pero caminar sin dedos es incómodo y a partir de ahora serás cojo. Pierdes un 10% a todas aquelas habilidades que requieran de rápidos y precisos movimientos de piernas, como esquivar o luchar. Pero podría haber sido peor.

Empeine: Tu pie queda seccionado en algún lugar más allá de la base de los dedos. Sigues teniendo el talón como punto de apoyo pero moverte te resulta difícil. Ganas una notable cojera y pierdes un 25% en todas las habilidades que impliquen un buen juego de piernas. Quizás un hábil artesano podría fabricarte un pie ortopédico dejando tus penalizadores como si solo hubieses perdido los dedos.

Pie completo: Donde antes estaba tu pie ya no queda nada. Puede que lo hayas perdido a la altura del talón o más arriba pero en cualquier caso ya no tienes punto de apoyo y si no cuentas con la ayuda adecuada te caes al suelo. En este caso o bien andas con una muleta (con la imposibilidad de manejar otro objeto con esa mano, o buscas quien te haga una pata de palo para lograr caminar con una notable cojera (-1 punto a MOV) y lograr luchar con cierta dignidad (-15% a habilidades de combate y de movimiento). TY en cualquier caso, pierdes 1 punto de DES.

Rodilla: Pierdes la pierna en la misma articulación, y eso es malo. Te ves obligado a andar con muletas y por lo tanto resulta imposible luchar a no ser que te implanten una pata de palo y aún así contarías con un -25% a todas las habilidades que impliquen utilizar las piernas debido a la falta de la articulación. Pierdes 2 puntos de DES además de un punto de movimiento si logras hacerte con un implante y 2 si vas con muletas.

Ingle: Madre mía, casi te cortan los huivos. Donde una vez tuviste una firme y orgullosa pierna ya no queda nada. Te resulta imposible moverte sin ayuda de dos muletas y encima no tienes lugar donde acoplar un implante, por lo que te quedas tullido para siempre. Tu movimiento pasa a ser 1 y pierdes 3 puntos de DES de forma permanente.

Y hasta aquí esta bella entrada que seguramente hará las delicias de jugadores que supongo vendrán a mi casa a felicitarme agasajándome de regalos y... Huy, mirada ahí vienen los primeros cargados de... ¿Palos y calcetines rellenos de arena? ¿Para qué quiero yo eso? Esperad, no... ¡No!

martes, 14 de mayo de 2019

El Warhammer y yo: Fantasía VS Age of Sigmar

El día de mi nacimiento fue difícil para muchas personas ya que debido a un problema con mi cordón umbilical, lo que debía ser un parto "fácil" se convirtió en una pesadilla que a punto estuvo de costarnos la vida a mi madre y a mi. Por suerte, la rápida y profesional actuación del doctor de guardia ese día logró que terminara de la mejor forma posible. Ese médico, que vivía en mi pueblo y solíamos encontrárnoslo de vez en cuando, se convirtió en el héroe de la familia y gozó de nuestro respeto y profunda admiración durante muchos años. Hoy en día, en cambio, se ha convertido en un señor muy mayor que se mueve en una silla de ruedas empujada por una cuidadora y es posible que ni siquiera recuerde al verme, a ese niño a quien salvó la vida.
Pues bien, si me diesen a elegir entre pegarle a ese doctor o jugar una del Warhammer Fantasía, le daría de ostias a ese viejo impedido.

Y es que el más famoso de los juegos de estrategia es un batiburrillo de reglas absurdas, tiradas innecesarias y movimientos imposibles que hace que incluso algo tan soporífero e insoportable como el ajedrez, parezca un juego de verdad. Cuando jugué al Fantasía me encontré con los mismos problemas que en el 40K en cuanto a reglas pero añadiéndole los terribles movimientos pivotantes, la horrorosa colocación de las escuadras, las pesadillescas maniobras al toparse con una piedra en el camino y tener que esquivarla... Eso por no contar con los flanqueos, las redirecciones, los modificadores al chequear la moral, los rebotes de las balas de cañón, las dispersiones de las explosiones... Ese juego juntaba lo malo de los juegos de estrategia y lo peor de los juegos de azar. Me pareció sinceramente un despropósito y la única razón por la que podía imaginar que hubiese triunfado en su día era precisamente la falta de competencia... Hasta el momento.

Kings of War, Warthrone, Hordes, Confrontation y un creciente número de juegos similares en estética pero mucho más sencillos y económicos asomaban tímidamente sus cabecitas y aunque ninguno llegaba a derribar al grande, sí erosionaban lentamente el pilar en el que se sustentaba. Y aunque yo reconozco que jugué más de una partida, que las miniaturas eran geniales (sigo pintándolas hoy en día) y que cualquier juego puede ser divertido si ambos jugadores se proponen que así lo sea, sin duda no se situaba entre mis favoritos, y al parecer yo no era el único decepcionado con él, ya que en una hábil estrategia comercial la gente de Games Workshop anunciaron el fin de su buque insignia con algo que llamaron "El fin de los tiempos" y que resultaría ser un punto de inflexión hacia un nuevo juego llamado "Age of Sigmar: Batallas en spanglish".

Una hábil estrategia de la compañía líder en muñecotes hizo que tras presentar un primer borrador de reglas tan simples que podrían jugar tranquilamente una partida dos loros, la mayoría de jugadores veteranos quemaran sus miniaturas, las vendieran a cuatro duros y en general, renegaran de Games Workshop y el Warhammer. Tal desbandada provocó que apareciera una segunda edición, esta vez bien hecha, con unas reglas sencillas pero completas y multitud de opciones de juego, de modo que podían contentar tanto a veteranos como a los loros. Nuevas miniaturas, facciones y cajas a precios asequibles, libros de misiones, campañas y listas de ejércitos estéticamente preciosos. Los que habían quemado sus miniaturas corrieron a comprar nuevas para volver a comenzar, la competencia que creían haber derrotado al gigante del sector se volvió a meter en su cueva y los niños y niñas del mundo volvieron a respirar aliviados. ¿Pero por qué todo este follón? Yo os lo explico.

Efectivamente el Warhammer Fantasía había quedado desfasado. Juegos de escaramuzas como el Infinity iban lentamente ganando adeptos y las ventas de Games Workshop en EUA se limitaban al W40K y dentro de éste un 50% era para los marines espaciales. ¿Qué hacer? Lógicamente crear un juego de escaramuzas de corte fantástico, conservar los diseños antiguaos de miniaturas y como no, meter marines espaciales con espadas y escudos.

Así nació Warhammer Age of Sigmar, de las cenizas de un mundo arrasado por el caos y la muerte en el que los dioses habían enviado a la tierra a sus protopaladines, los Stormcast Eternals, para reequilibrar la balanza en favor de la ley. Estos guerreros de élite, como no, llevan hombreras chulas, armaduras desproporcionadas y tienen cabecitas minúsculas. ¡Justo lo que todos queríamos! Y es por ello que ahora seguimos aquí, jugando a lo mismo pero distinto y en mi opinión, mejor.


Y hasta aquí dejo estas bellas entregas sobre el Warhammer y yo. Habrá más en el futuro porque actualmente estoy pintando y tratando de jugar ocasionalmente, así que estén atentos a este blog (pero no mucho porque últimamente estoy un poco disperso y escribo menos) y no olvidéis jugar, a lo que sea, pero a poder ser al RuneQuest. Tercera edición.

martes, 23 de abril de 2019

El warhammer y yo: Estrenando mi ejército


Foto de archivo
Tal y como comenté en la entrada anterior (de esta serie) , no me resultó difícil encontrar a alguien con quien jugar a Warhammer y en cuanto tuve ocasión quedé para probar el juego. Tenía pocas miniaturas, así que la partida no iba a ser una batalla en toda regla sino una pequeña escaramuza, pero me serviría para hacerme una idea de como funcionaba eso. Y vaya si me hice una idea. Aunque no fue demasiado positiva.

Jugamos a la sexta edición de las reglas de W40K (el futurista) y aunque el juego estaba repleto de palabras rimbombantes y molonas (que si blasters de fusión, cuchillas aceradas y retropropulsores), el conjunto de reglas no me parecían cómodas. Llamadme fanático de los sistemas simples, pero ese juego tenía algunas cosas muy enrevesadas para tratarse de una sexta edición. 

Mientras que el mecanismo general era francamente simple (mover, disparar y asaltar), las mecánicas concretas para ello eran bastante incómodas. En el turno de disparo, por ejemplo había que tirar por acertar el tiro (consultando una tabla), luego comparar la fuerza del arma con la resistencia del blanco (otra tabla) y luego el factor de penetración con la armadura. Eso se traducía en que cada andanada de disparos se quedaba en nada pero se perdía una gran cantidad de tiempo. Lo mismo para el combate cuerpo a cuerpo (o peor) y además de eso teníamos infinidad de reglas especiales, modificadores y contradicciones por todas partes. El juego me gustó a pesar de todo, pero me dejó con la sensación de que no estaba diseñado para ser divertido si no para competir y pelearse (dentro y fuera del campo de batalla) con el rival.

Comencé a visitar foros warhammeros para orientarme sobre qué miniaturas comprar para aumentar mi ejército o estrategias que seguir y descubrí que allí nadie se preocupaba por el trasfondo o la estética. La gente jugaba listas absurdas, repitiendo mil veces la misma miniatura y dejando fuera otras que aunque bonitas, no rendían en los torneos. Mi sensación de que allí nadie jugaba para divertirse se acrecentó y de no ser porque yo jugaba con un amigo y no nos poníamos serios, habría abandonado el juego inmediatamente.

Pero seguimos jugando y decidí comenzar un segundo ejército de Warhammer Fantasía ya que me gustaba muchísimo la estética, aunque me advirtieron que el juego era todavía más complejo que el del 40k. ¿Mis conclusiones? Tendréis que esperar a la siguiente entrada.

martes, 2 de abril de 2019

El fin de una era (Google+)







Pues así, con esta cara de giler, despido la red social que mejor me ha hecho sentir en todos estos años de vagar por internet.
Sé que merecía mucho más, pero me consta que hay otros por ahí haciéndolo bien.


jueves, 28 de marzo de 2019

El Warhammer y yo: El primer batallón


En el año 2009, justo cuando abrí este blog, hallábame yo en espera del nacimiento de mi pequeña (ahora mi mayor) y entre todas mis ilusiones e incertidumbres estaba la idea de que a partir de ese momento lo tendría muy complicado para jugar a rol. Había llegado el momento de buscar otra afición, pero me resistía a abandonar el mundo del frikismo, por lo que pensé que era hora de meterme de cabeza en el mundo de la pintura de miniaturas. 

En primer lugar me proporcionaría horas de entretenimiento solitario con el que rellenar mis escasos huecos libres; también me daría la oportunidad de crear un ejército, ya que era una espinita clavada desde hacía años; y por último, al ser el Warhammer cosa de dos, me facilitaría el jugar si alguna vez coincidía con alguien con la misma afición. Y así sucedió.

El primer dilema fue si Fantasía o 40K, clasico o futurista, retro o modernillo… Realmente me gustaban más las miniaturas del Fantasía, pero también sabía que tener 40K me facilitaría el poder jugar algún día, ya que en esos momentos era el favorito por todos. Decidido por el juego futurista estuve revisando los distintos ejércitos. Descarté marines espaciales en todos sus capítulos y formas porque nunca me ha gustado esa estética tan exagerada y entre las razas llamadas “xenos” me decanté por Necrones o Tau, ya que me parecían más sencillos de pintar y estéticamente más coherentes con un universo de futuro hipertecnológico.

Y así, buscando por los procelosos mares digitales me topé con un señor que vendía una caja de batallón Tau a un precio muy reducido (casi la mitad que en tiendas) y con eso, un par de pinceles y cuatro botes de pintura comencé mi apasionante aventura maravillosa. Sí, he exagerado un poco.
Con eso, iba a decir, descubrí que pintar es algo complejo cuando se tiene el pulso de un chimpancé asmático, pero divertido a pesar de todo; y descubrí también que cuando te plantas en un lugar aleatorio del planeta tierra y dices la frase “me he comprado Warhammer 40K” aparece gente hasta debajo de las piedras buscando a alguien con quien jugar. Y jugué, claro que sí. Aunque desgraciadamente mis impresiones acerca del juego en sí no fueran las más afortunadas.

Detalles en la proxima entrada.

Mis primeros pequeñines.