martes, 16 de julio de 2013

La motosierra: Rompiendo mitos


La primera vez que vi la película “El ejército de las tinieblas” siendo todavía un crio, me quedé completamente fascinado, no por los monstruos ni el medievo oscuro ni el humor extraño de la película, sino porque el prota, Ash, llevaba una motosierra enganchada en su muñón. A partir de entonces me fijé y me di cuenta de que tal artilugio era algo recurrente en decenas de películas, videojuegos, cómics y otros subproductos. La bella y útil motosierra se mostraba implacable tanto en manos de supervivientes de holocaustos zombis como de asesinos enmascarados en Texas. 


Desde ese momento tuve un propósito en la vida: Convertirme en un experto en el uso de esa herramienta para cuando llegara el momento de utilizarla, convertirme en un héroe cubierto de sangre de… lo que hiciera falta. Y no perdí el tiempo. Me apunté a una escuela taller de jardinería, seis meses de teoría y dieciocho de práctica para conseguir mi primer contrato laboral de verdad y, por fin, llegar ante mi primera motosierra. (Mis pobres padres pensando en que me estaba labrando un futuro y yo pensando en matar monstruos invasores, qué mal hijo he sido.) Había que podar los árboles de una avenida y me enseñaron dos motosierras, una grande y otra pequeña. “¿Cuál quieres?”, me preguntaron, “La grande” dije yo emocionado, “Coge la pequeña que es más manejable.” “No, no, prefiero la grande” “La grande pesa mucho y necesitarás las dos manos…”, “Es igual, quiero la grande”, “Piensa que la grande es muy…” “LA GRANDE HE DICHO”. 


Y a partir de ahí podé parques, jardines, calles y bosques, aumentando mes a mes mi porcentaje de “Ataque con motosierra”, pero al mismo tiempo me desmoralizaba al ir dándome cuenta de que tal aparato, aunque muy útil para el trabajo, de poco me serviría para salvar mi vida. Y me explico detalladamente:




1: Las motosierras pesan un huevo. Todo depende de lo cachitas que uno esté, pero en cualquier caso, aun pudiendo acabar con diez o doce zombis, enfrentarse a toda una horda sería impensable.
Si, muy bonito, pero ni  de coña

2: Las motosierras tienen muy poca autonomía: Un depósito de gasolina muy pequeño hace que tengas que estar continuamente rellenándolo, algo impensable cuando hay unos aliens a punto de absorberte el tuétano de los güesos.
A ver dónde encuentra esta ahora un poco de gasolina mezcla.

3: Las motosierras se atascan en seguida: Si amigos; si cortamos madera seca hay que engrasarla continuamente pero si ésta está verde se forma una pulpa que acaba embozándola  y hay que abrirla para limpiarla. No quiero ni pensar qué pasaría cortando inocentes excursionistas perdidos.
Esto no se que es, pero atasco seguro

4: Las motosierras NUNCA arrancan a la primera. El único caso es cuando vas a la tienda a comprarla, pero una vez la tienes en tu casa hay que darle un mínimo de ochenta veces para que arranquen, y eso es tiempo más que suficiente para  que tu mejor amigo se transforme en hombre lobo y te muerda en el cuello.
 
¿Acaso pensabais que este motorcete daría para más?
Lo dicho. En un caso así no os confieis demasiado.
5 y definitiva: Las motosierras no cortan tanto como parece. Para que sean eficaces hay que moverlas de forma lenta y no en plan hachazo al aire capaz de cortar un tiburón volador de un solo tajo.








Así que como habéis podido ver, he desperdiciado mi vida aprendiendo a utilizar algo que no sirve para aquello que yo anhelaba. Así que espero que mi experiencia sirva para enseñar a otros y que no caigan en mi mismo error. En próximas entregas hablaré de otras armas de jardinería supuestamente mortales como las tijeras de podar, la desbrozadora, el corta setos y el también muy sobrevalorado cortacésped.

domingo, 7 de julio de 2013

¡Nos vamos de escalada!




No, no, tranquilos, que nadie se crea que me he arrojado al oscuro mundo del deporte y el riesgo, por dios. Lo que pasa es que, junto a Esteban, compañero de partidas varias, hemos decidido embarcarnos en un nuevo juego de miniaturas y hacerlo por medio de una escalada.

¿Y qué es entonces una escalada?
Pues una escalada consiste en destinar una cantidad de dinero mensual, (llamémosla X) para comprar miniaturas. Si un mes no se alcanza la cantidad X, (llamémosla X-), la diferencia (llamémosla –X-), ésta queda para el mes siguiente en el que tendremos más dinero (llamémosla X+-X-)  para comprar más miniaturas o más grandotas. ¿A que es fácil?

¿Y cuál ha sido el juego elegido?
Para la escalada hemos elegido el juego Infinity, un jueguecillo de escaramuzas ambientado en un futuro lejano en el que la humanidad se ha diseminado por las estrellas, uniéndose en grandes (y no tan grandes) facciones que luchan por controlar los planetas con mejores vistas a la galaxia. Mi eterno rival Esteban ha elegido las Órdenes Militares de Panoceanía, una especie de caballeros templarios del futuro que luchan por mantener el orden y la fe en el universo, mientras que yo voy a llevar a los Expedicionarios Shasvastii del Ejército Combinado alienígena que no está dispuesto a dejar que los miserables humanos sigan extendiéndose tan peligrosamente. Como siempre pasa, el mal rollito está servido y las hostias aseguradas.

 
A la izquierda un Caballero de santiago (que s enote que es un juego gallego) y a la derecha uno de los bichos espaciales acechantes que llevaré yo.

 

¿Y de qué va eso del Infinity?
Vaya pesados con las preguntitas… El Infinity es un juego de miniaturas de acuñación española que representa pequeñas escaramuzas en entornos urbanos. No es un wargame de batallas a gran escala como el Warhammer, lo que permite jugar con diez o doce miniaturas, resultando mucho más económico y de partidas mucho más cortas. Además, posee un trasfondo muy chulo y los muñecos tienen una gran calidad. Pero todo lo que diga quedará corto si mirais su página oficial aqui.

¿Y por qué el cielo es azul y los perros ladran y…?
Así que a partir de ahora cada mes iré subiendo fotos de las miniaturas terminadas de ambos bandos, así como los informes de batalla de las diferentes escaramuzas para vuestro disfrute y deleite. No os despeguéis del blog porque en breve (la previsión es finales de agosto, principios de septiembre) llegarán las fotos de los “starter set” montados, pintados y listos para la acción.


martes, 2 de julio de 2013

Tesoros enterrados (otra vez)





Este finde tuve la ocasión de pasarme por mi antigua casa después de mucho tiempo y teniendo en cuenta mi nueva obsesi… afición por los librojuegos, se me ocurrió preguntarle a mi padre si le sonaba donde podrían estar esos librillos, si es que quedaba alguno en buen estado de conservación. Esperaba una respuesta tipo “Es que la riada del 45 se los llevó” o la siempre recurrente cuando alguien ha tirado algo que al cabo de los años ha cobrado de repente valor y significado de “Aterrizó un ovni en la terraza y me obligaron a darles todos los libros de ciencia ficción”, pero no. La conversación fue así.
-Papá. ¿Sabes si queda alguno de mis libros de cuando vivía aquí?
-Claro. Todos tus tebeos y libros están guardados en el armario de arriba.
-¿Todos?
-Todos.
-¿Todos?
-Todos.
-¿Todos?
-Todos.
-¿Todos?
-Todos.
-¿Todos?
-Todos.
-¿Todos?
-Todos.
-¿Todos?
-Todos.
-¿Todos?
-Todos.
-¿Todos?
-Todos.
-¿Todos?
-Todos.
-¿Todos?
-Todos.
-¿Todos?
-Todos.
-¿Todos?
-Todos.
-¿Todos?
-Todos.
-¿Todos?
-Todos.
-¿Todos?
-Todos.
-Ostia.
Si, las conversaciones con mi padre nunca han sido gran cosa y como podéis ver, no salía de mi asombro y es que, efectivamente, en el armario de arriba, tal y como me había dicho, estaban todos esos tebeos que me gustaban menos (que si Alpha Flight, que si Capitán América), los mangas que nunca pude completar porque mi pueblo era un asco y las distribuidoras dejaban las colecciones a medias y como no, los librojuegos que tantísimas horas de diversión me dieron cuando era un crio sin ninguna posibilidad de ver tetas en el horizonte.
Desgraciadamente no tenía tiempo de sacar todo el contenido del armario y examinarlo con detenimiento, así que metí la mano y saqué cuantos libritos pude. Eso eran tres o cuatro de “Tria la teva aventura”, seis del “Reto de las Galaxias”, uno de ” La Máquina del Tiempo” y para mi sorpresa, un par del “Señor de los Anillos” que ni recordaba que tenía. Era un buen botín, aunque faltaba alguno del “Reto…” y los de “Magos y Guerreros”, pero por el momento estaba satisfecho; ya habría tiempo de volver y seguir buscando.
¿Y qué conclusión sacamos de esto? Pues que no hay que tirar nada, que el Diógenes no es tan malo. Padres y madres del mundo que os sobra el tiempo y leéis cosas como este blog mediocre: No tiréis nada de lo que vuestros hijos coleccionan por absurdo que a día de hoy os parezca;  Esos cromos de las Monster High, el álbum de pegatinas de Bob Esponja o las mechas fucsia de la Barbie; El día de mañana podrían ser tesoros anhelados por vuestros hijos y ellos jamás os perdonarían que lo hubieseis tirado por la simple obsesión de ganar espacio en casa. Avisados estáis.