Otro mes que nos abandona como a perros en gasolineras pero aquí estamos nosotros para darle color con unas cuantas miniaturas pintadas más. Pero como ahora mismo veréis, esta vez no van a ser grandes monstruacos ni unidades especiales sino infanterías de toda la vida, como dios manda.
En primer lugar veremos a seis ogros con su grupo de mando a la cabeza listos para repartir leña como solo los ogros saben hacer. Sí, ya sé que he dicho que este mes nada de bichos gordos, pero os aseguro que estos malas bestias son lo más pequeñajo que hay en ese ejército (aparte de los snortlings, pero eso e sotra historia). Y ahí van las fotos:
Por mi parte, mis miniaturas son los Rastreadores Tau, una caja de las nuevas (relativamente nuevas, vamos) del ejército y de la que ya hablé maravillas aquí cuando me la compré y que he visto por fin terminada justo antes de una batalla decisiva para ellos. ¿Queréis verlos? Pues miradlos:
Y con esto hasta el mes que viene, en el que tenemos preparadas muchas sorpresas... o quizás no, quién sabe. Puede incluso que la sorpresa sea esa.
lunes, 1 de septiembre de 2014
lunes, 25 de agosto de 2014
Vendetta: Hostias on the street
Surgido
del éxito de las luchas callejeras del Double Dragon, pero con una calidad
superior en cuanto a gráficos y movimientos, apareció a principios de los 90 el
fascinante videojuego de “Vendetta”. En él podíamos encarnar hasta a cuatro
miembros de una dispar banda (un boxeador, un militar, un “wrestler” y uno de
artes marciales), que debían enfrentarse a una numerosísima banda rival que
había secuestrado a una chica. Realmente, no sé por qué se llamaría “Vendetta”
si la chica no había muerto; debería ser “The Rescue” o algo así, pero tampoco
quiero ponerme serio con este asunto. Y es que lo realmente fascinante (como ya
he dicho arriba) del juego, era la libertad para repartir leches que ofrecía.
Nada de puñetazo-agarrón-patada voladora-bate de béisbol, no; en el Vendetta
todo valía, desde las hostias de toda la vida a pisotear a los enemigos en el
suelo, arrojarles todo lo que encontrábamos en el suelo, que no era poco (desde
ladrillos a sacos de harina), golpearles desde el suelo, lanzarles al vacío y utilizar cualquier cosa como arma. Todos esos padres
modernos que dicen que los GTA van a crear una generación de adultos violentos
deberían habernos visto disfrutando del placer absoluto de darle un rodillazo
en los huevos a un matón para acto seguido sacudirle en el suelo con una cadena
mientras vomitaba.
Pero a pesar
de lo mucho que molaba, este juego no llegó nunca a ser el favorito de los
salones de recreativos, o al menos de los que nosotros frecuentábamos, a
excepción de un glorioso día que paso a relatar ahora mismo.
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| Los cuatro "héroes" preparados para dar (y recibir) tortas |
Tendríamos
alrededor de trece años cuando mi amigo Rabbit y yo caminábamos a paso ligero
hacia la sala de recreativos “Electrònics”; en esos tiempos había poco que
hacer (internet no existía, no conocíamos los juegos de rol y aún nos faltaban
un par de años para que el tipo del videoclub nos dejara alquilar pelis porno),
así que la paga semanal iba destinada íntegramente a los videojuegos. Yo
caminaba acompañado por el tintineo de las monedas en mi bolsillo pero Rabbit
avanzaba sin un ruido y con una sonrisa confiada en su rostro; cuando le pregunté,
me enseñó orgulloso una moneda de 500 pelas que brilló con la intensidad de
diez mil soles cuando la sacó de su bolsillo. Y es que lo normal era llevar
cien o doscientas pelas para pasar la tarde entretenido, pero disponer de una
de las grandes se traducía en una tarde larga, probando juegos nuevos y
comiendo chucherías sin parar. Rabbit se sentía un hombre afortunado. Y lo era.
Hasta que ESO sucedió.
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| Aquí vemos a la susodicha |
Llegamos
a los recreativos y tras un rápido vistazo a la fauna del lugar, vimos que la
máquina del Vendetta estaba libre. Era una de esas con cuatro mandos que
permiten partidas realmente espectaculares, pero nosotros no necesitábamos
tanto, al menos para empezar, y pusimos cinco duros cada uno. La partida se
desarrollaba de modo normal hasta que el cabrón de Buzzaw Bravado me mató con
su disco de corte, y entonces descubrí que seguíamos teniendo créditos, pero no
uno ni dos, sino diez. Le di a continue y descubrimos que seguían habiendo diez
créditos, lo que disparó una de nuestras más lujuriosas fantasías: Que un error
informático había estropeado el juego de tal forma que no hacía falta echar
dinero para jugar. ¿Improbable? Casi tanto como que algún día conoceríamos allí
mismo a dos chicas que se dejarían manosear, pero como de ilusión también se vive,
nos emocionamos en exceso.
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| Lo tienes mal, chaval. |
Seguimos
jugando al juego que nunca terminaba y en medio de la exaltación, invitamos a
cuantos desconocidos se acercaban por allí a unirse a la partida. Por unos minutos
fuimos los reyes de los recreativos; los descubridores de una máquina de
ensueño que permite jugar hasta a los más desfavorecidos económicamente… hasta
que los créditos comenzaron a descender. 9, 8, 7… Sacamos cálculos y
comprobamos que habríamos empezado a jugar con 21, solo que el marcador solo
llegaría a 10, lo que a su vez llevó a Rabbit a una terrible conclusión: 21
créditos son equivalentes a 525 pesetas, lo cual significaba que si yo había
puesto 25, él…
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| Uy. Eso duele, rabbit |
Rabbit
palideció al pensar en lo que había pasado; metió una mano en el bolsillo y
descubrió que la moneda de 500 no estaba allí, solo la calderilla suelta.
Comenzó a sudar. Con la emoción del momento había confundido la de 500 con una
de 25 (recordemos que antes, muy antes, las de 25 eran grandes, sin agujerito)
y que ahora todo el mundo estaba jugando con su dinero. Y como suele pasar ante
situaciones así, el bueno de Rabbit decidió actuar de la forma más caballerosa
posible.
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| Así se sintió él |
Hace como 15 años que no le veo, pero dicen que todavía no lo ha superado y que algunas veces llora por las noches pensando en el día en el que la vida le golpeó tan duramente.
sábado, 23 de agosto de 2014
Discos que me salen: Hammerheart (Bathory)
La
primera vez que sostuve este vinilo en mis manos alguien me dijo eso de “Uff,
estos tipos si que son chungos…” refiriéndose lógicamente a que Bathory, en
esencia, eran una de las bandas pioneras del Black Metal y eso, para unos
chavales fanáticos de los Guns N’ Roses y Skid Row, era chungo, chungo. Pero
cuando lo puse a dar vueltas en mi tocadiscos algo en ese sonido oscuro y
machacón me atrapó.
Después
de una introducción algo peliculera (de serie B, eso sí), comenzaban a sonar
canciones densas, lentas pero potentes, aderezadas con una voz desgarrada que
me llevó a otro lugar y a otro tiempo, a imaginarme una tierra llena de fiordos
y drakkars y a un solitario vikingo
atando su intestino a un menhir y dando vueltas a su alrededor.
Así que
no solo me gustó (y me convirtió por lo tanto en un “chungo”) sino que este
disco se convirtió en uno de mis referentes en la música y, sin yo saberlo
sentaría las bases de lo que hoy en día se conoce como “viking metal” antes de
que éste estilo se convirtiera en un circo de faldas, gaitas y caras pintadas
de azul.
jueves, 21 de agosto de 2014
Un poquito de agosto
Os
preguntaréis dónde estoy, cómo es posible que no se publique nada en el blog,
que si estaré de vacaciones en Groenlandia o si andaré preparando una
supermegaentrada especial, pero no. Nada de eso.
Estoy
donde siempre, en mi casa, delante del ordenador, liado con mis partidas, quedando
con algunos amigos y entregando el alma a mi familia. ¿Y las escaladas? ¿Y los
battle reports? ¿Y las tonterías varias? Pues tranquilos que ya llegarán,
porque este agosto he hecho acopio de cosillas y algunas de ellas son bastante
interesantes.
Por un
lado, mi compañero bloguero y amiguete veraniego Cabezadeplomo me ha traído de
la capital (¡La Capital!) unas cosas que le pedí, además de alguna otra que me
ha regalado por mi cara bonita; y por otro he hecho alguna expedición a tiendas
frikis donde me he hecho con un par de cosillas más. El resultado, éste:
Como
podéis ver, están los dos libros del Delta Green, un suplemento de La Llamada…
que llevaba muchos años queriendo tener en mis patas; el Príncipe Valiente, un clásico
de rol narrativo de JOC; así como En Las Montañas de la Locura, un juego
cooperativo de tablero de la gente de Fanhunter y de propina, un starter set de
un juego de miniaturas de El Señor de los Anillos que estaba de oferta.
Ahora
me quedan unas semanas de asimilar todo ese material, reorganizar estanterías y
leer para ir destripando lentamente cada cosa en este blog.
sábado, 9 de agosto de 2014
Pulpos en el tren (Chicas en el rol parte2)
Hace un par de añitos largos ya, escribí una simplona pero polémica entrada hablando sobre la presencia femenina en los juegos de rol 15 años atrás (podéis leerla aqui) y hoy me he decidido a escribir la segunda parte que tiene como protagonista a la misma chica. ¿Volvió a por más? Os preguntaréis. Pues no, pero tuvo la mala suerte de coincidir conmigo en el tren
Volvía
de Barcelona solo, regresando al pueblo después de ver algún concierto y tenía
ante mi dos largas horas de traqueteos y paisajes que acaban mareando si miras
demasiado rato por la ventana, hasta que algo llamó mi atención. Sentadas en
los asientos justo delante de mi habían dos chicas hablando con el
característico acento de mi tierra y no tardé en reconocer la voz de L (sí, sí,
la chica del escote de la otra entrada); pero no solo era L, sino que las dos
chavalas estaban hablando de… ¡Juegos de rol!
Al
parecer, por lo que iba deduciendo, a L no le disgustó del todo la experiencia
con los juegos de rol y estaba tratando de convencer a su amiga de que jugara.
Para ello, decía, se compraría “La leyenda de los cinco anillos” e intentaría
dirigirles una partida pronto. Yo estaba dando saltos en el asiento de oír todo
aquello. Una chica dirigiendo “La leyenda…” por voluntad propia, con otras
chicas, en mi pueblo…
Debería
haberme contenido, ahora lo sé. O por lo menos haberlas abordado de otra forma.
Quizás dándoles con un dedito en el hombro y diciéndoles algo así como “Hola,
me recuerdas, si necesitas ayuda para dirigir dímelo, nuestro club tiene las
puertas abiertas para vosotras…” Yo que sé. Pero me pudo la emoción y metí la
cabeza en el hueco entre los dos
asientos y con el rostro desfigurado por la presión dije algo como “Rol… jugar…
leyenda… vosotrassss”. Decir que se asustaron sería quedarse corto. Una intentó
fingir una sonrisa aprovechando que le daba un amago de ictus y la otra
pronunció una frase aspirada que no se entendió, para acto seguido levantarse y
marcharse al vagón cafetería o a saltar en marcha, no lo sé porque ya no
volvieron.
Pero lo
malo del asunto fue que las orejas me hicieron cuña y no pude sacar la cabeza
de allí por lo que viajé las dos horas doblado hasta que el revisor trajo una palanca
para desencajarme. Sobra decir que a esas dos nunca vinieron a jugar. Ni de
coña.
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