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miércoles, 4 de febrero de 2026

La ya costumbrista entrade de febrero

 

Hace muy pocos días leí por uno de esos foros modernos de internet que la era de los blogs terminó hace mucho, con lo que además del abandono propio de los mismos por parte de autores y lectores, los escasos que todavía seguían resistiendo debían hacerlo cargando con el estigma de ser un modelo obsoleto, anticuado y con el prejuicio de “si aparece .blogspot en la barra de direcciones, será información desfasada”, por lo que lleno de curiosidad decidí dar un paseo por todos aquellos blogs que en su día seguí para encontrarlos todos, o casi todos, abandonados cual jubilado en gasolinera la víspera de navidad.

Y es que hay que reconocer que la caída en picado del número de lecturas que se sucedieron hace ya casi una década fue un duro palo para muchos de los que nos esforzábamos en crear un contenido informativo y actual, llenándonos con la desazonadora sensación de que estábamos hablando con la pared, mientras que solo algunos blogs, quizás aquellos destinados a un contenido más personal seguían teniendo algún sentido.

Y así fue como llegué aquí otra vez, al blog mediocre, ese que creé sin ninguna clase de ambición cuando no contaba ni con treinta años y que tantas alegrías me dio, no solo por permitirme formar parte de una red bloguera enfocada en aquellas cosas que me apasionaban sino por la oportunidad de conocer de forma física y tangible (y a veces con eróticos resultados) a algunos de mis seguidores.

Pero ahora soy un cuarentón camino de la siguiente década, muchas cosas han cambiado en mi vida, tantas que aburriría a cualquiera lo suficientemente incauto como para quedarse aquí a leer mis miserias, pero si algo ha seguido intacto ha sido mi voluntad por seguir jugando. Puede que se me haya caído la melena, que mi barriga ya no me deje ver esos atrofiados genitales y que cuando saquen mis análisis médicos las impresoras se queden sin tinta roja, pero en el fondo de mí sigue viviendo ese chaval que alucinaba con el HeroQuest de Hasbro, que traficaba con Cds grabados con el Diablo y el Baldur’s Gate y que sosañaba con tener algún día un ejército de Warhammer completo.

Y aunque no pase tanto por aquí, sigo jugando, claro que sí. Todas las semanas logro sacar algún rato para llenar una mesa de miniaturas de colorines, desplegar un tablero o barajar algunas cartas. No hay rol, eso es cierto, pero a falta de pan buenas son las gachas, o eso es lo que dicen por estos lares en los que me hallo.

No sé si esta entrada la leerá alguien, pero si así es, viejos amigos, que sepáis que sigo vivo. Desmejorado pero todavía capaz de agarrar unos dados con firmeza y hacerlos rodar con estilo.

Mil abrazos de Capdemut.

Ah, y me monté una recreativa.

 


 

sábado, 27 de enero de 2024

Tortugas por el tiempo: un tebeo delux

 

Quizás sea por todo el tiempo que llevo encerrado en esta cueva aislado del mundo exterior, o puede que simplemente por el hecho de hacerme mayor y dejar de adaptarme al ritmo natural de la vida moderna, pero lo cierto es que me está costando entender ciertas cosas.

En mis tiempos, los buenos tiempos, la información llegaba con cuentagotas y esperaba a que nosotros, potenciales consumidores de la novedad, la descubriéramos, meditáramos y decidiéramos qué hacer con ella. Hoy en día, en cambio, las noticias nos bombardean, las novedades dejan de serlo en cuestión de semanas y lo que para nosotros, señores y señoras que ya han vivido sus mejores tiempos, son flamantes novedades, para aquellos que llegaron después son ya retazos del pasado. Y sí, hablo de cosas de frikis, como no.

El relato que viene a continuación, un coñazo insoportable y que encima voy a escribir con la prosa más densa y tupida que soy capaz de perpetrar, lo aviso por si alguien quiere dejar de leer ahora tenga la oportunidad de escapar hacia otras redes sociales más inmediatas con gatitos y generosos escotes bamboleantes, sucedió iba a decir antes, hace tan solo unos meses, hallándome yo tranquilamente reclinado en mi sofá.

Ese día estaba repasando mis redes sociales y encontré en manos de un conocido mio una edición del cómic de Las tortugas ninja inédito en España hasta ese momento; se trataba de “Tortugas en el tiempo”, una saga que inspiraría uno de mis videojuegos favoritos de todos los tiempos. Exhalado por ese hallazgo, me lo apunté en mi lista de cosas imprescindibles, justo entre pasar la ITV del coche y arreglar esa tubería que deja escapar humedad y me llena la pared del pasillo de caras de belmez.

Acudí al cabo de unas semanas a la tienda de tebeos más próxima a mi hogar y lo busqué entre estanterías repletas de novedades pero no estaba, así que pregunté a la chica de la tienda y me respondió con un “Ufff, es que ese cómic fue una edición delux y ya está agotado. Te lo puedo pedir pero no sé yo…” a lo que yo le respondí “¿Y la edición normal tampoco está” y ella dijo “No, solo sacaron la delux” y yo repliqué que “Si solo existe la delux entonces qué la hace delux si no hay una normal con la que compararla?” a lo que ella me respondió con silencio e incomprensión, es decir que no me respondió en realidad.

Visto que conseguir el cómic de mis sueños no iba a ser tan fácil porque solo habían hecho una tirada limitadísima para compradores con buenas piernas, acudí al mercado de segunda mano donde descubrí que los precios estaban tan inflados que comprarlo sería un acto de inmoralidad y depravación extremo, con lo que decidí resignarme, que es algo de lo que gozo de gran experiencia y habilidad.

Pasaron las semanas y yo seguía sumido en mi tristeza autoinducida al no haber conseguido satisfacer una necesidad también autoinducida, con lo que menos por menos más, y más es mal siempre, hasta que me llegó un mensaje de wassap de la chica de la tienda diciéndome que por una de esas carambolas de la vida había conseguido un ejemplar del cómic y me lo estaba guardando. Y en ese momento podría haberme preguntado de donde había sacado esa muchacha mi teléfono y por qué motivo había seguido con la búsqueda del tebeo a mis espaldas y sin mi conocimiento, pero lo atribuí a que me habría encontrado atractivo y se habría obsesionado conmigo y le quité toda la importancia.

Corrí como una gacela herida de muerte con una manada de leones a sus espaldas hasta la tienda y me hice con el tebeo tras pagar una cantidad desproporcionada del dinero que cada vez me cuesta más ganar y regresé a mi casa para deleitarme con su lectura. Era una edición delux de verdad, con su tapa dura y su funda de plástico impresa a todo color, pero cuando lo abrí, noté que algo no iba bien. Texto, mucho texto, cuatro páginas de cómic y más texto. Quizás lo que tenía en las manos era un pedazo de la historia del cómic independiente de Estados Unidos y una explicación del porqué mis héroes verdes favoritos han llegado donde han llegado, pero yo quería ver a las tortugas viajando por el espaciotiempo y zurrándose con cavernícolas, cowboys y piratas, pero… Luego algunas páginas más de tebeo y acto seguido las mismas páginas en blanco y negro, bocetos, los guiones en inglés… ¿Qué mierdas me había comprado?

Volví a la tienda corriendo como una manada de leones detrás de una gacela herida de muerte pero extrañamente veloz, abrí el cómic delante de la chica y le pregunté “¿Qué es esto?” a lo que ella respondió “Lo que tú pediste. La edición delux de Tortugas en el tiempo y que contiene el capítulo en el que colaboró Richard Corben, uno de los grandes ilustradores de…” pero la interrumpo con “Me da igual quien sea ese señor. He pagado un dineral por un libro de ochenta páginas que solo contiene treinta de tebeo. Me siento profundamente estafado y…” hasta que ella me interrumpe con “Por eso es delux. Porque es una innecesaria ampliación de un material original escaso que se puede vender a coleccionistas por un precio muy superior al real”, a lo que me repito a la desesperada diciendo “¡Si no hay edición normal no puede haber delux! Porque si solo hay delux la delux es la normal” y ella me pregunta “¿Me estás diciendo que pagarías más por una edición ampliada de esta que ya tienes? Enviaré la sugerencia a la editorial” y yo me marcho mientras teclea animada y salgo a la calle y me siento en un banco del parque como una gacela que ya se ha cansado de correr y espera a que los leones la devoren para descansar en paz de una vez.

Y me quedo observando a la gente pasar, y veo parejas que hablan animadamente volviendo de hacer la compra, chavales recorriendo las aceras con patinetes eléctricos no voladores (mierda de futuro que ni eso nos ha dado) y coches retumbando con música que no me gusta. Yo que creía que los años me volverían más sabio, más respetado y más interesante… Y solo me he quedado atrás, buscando revivir sensaciones de un pasado que ya no volverá.

Y regreso al agujero al que llamo hogar, y me reconforta el olor de ese mueble nuevo, la visión de los libros ordenados en mis estanterías y los ruidos del niño de la vecina que crece ajeno a todas las cosas que le esperan en esta vida. Guardo el tebeo en el estante dedicado a las tortugas ninja y la verdad es que no queda tan mal; quizás no haya sido un dinero tan mal invertido después de todo...

Me duele la espalda, creo que me voy a acostar.

martes, 27 de junio de 2023

El atávico del rol

 


Ya no suelo acercarme por tiendas frikis. Mi situación económica ha empeorado de forma dramática estos últimos meses y solo pasar por delante de escaparates con objetos que me puedan parecer atractivos hace que me tenga que cubrir la cara y correr lanzando silbidos cual vampiro sorprendido por el amanecer. Pero a veces, sea por casualidad o por melancolía, me coloco una camiseta de Goku y me atrevo a recorrer esos pasillos llenos de tebeos y figuritas fingiendo que soy una persona normal que no come todos los días arroz hervido y sanwiches de pan bimbo con mortadela.

Y fue en una de esas escapadas clandestinas cuando hallándome absorto en mis ensoñaciones recordando tiempos mejores en los que todas esas cosas estaban a mi alcance, oí una conversación que despertó mis sentidos. Una chica joven, de poco más de veinte años y el pelo de colorines estaba preguntándole al dueño de la tienda, que era un señor mayor, casi de mi edad, por un buen juego de rol con el que iniciarse. Ambos miraban sendas cajas de inicio de Dragones y mazmorras sin poder distinguir las diferencias entre ellas, hasta que el pobre hombre le indicó que él de eso de rol no tenía demasiada idea, que lo suyo son los cómics y que no podría ayudarla. Y yo no podía creerlo. Esa pobre muchacha estaba buscando un guia rolero en ese mismo instante y lugar en el que yo me hallaba. No creo en el destino, ni en la suerte ni en los hados, pero estaba claro que desde algún lugar más allá de nuestra comprensión, Gary Gygax y Greg Stafford están tirando los dados que guían nuestros pasos.

“¿Has dicho rol? Quizás yo pueda ayudarte” le dije con voz grave y ella al girarse y encontrarse con mi imponente a la par que decrépita figura se vio iluminada como los orcos esos a los que Gandalf les tira el conjuro de luz. Entonces le pasé un brazo por encima de los hombros, así sin tocarla para no perder mi condición de ser místico e inalcanzable y la aparté hasta un rincón, donde analicé las dos cajas y le expliqué qué podía encontrar y como utilizar los recursos de cada una. Y mientras hablaba, con calma, firmeza y seguridad, apenas me daba cuenta de que ella me observaba con cierta devoción, como el fiel que de pronto ha encontrado a su pastor, y así mi experiencia añeja se convirtió en el credo a predicar y por un momento me dejé llevar por esa pasión que creía perdida, convirtiéndome en un ancestro, en aquél que ya jugaba a eso antes de que los padres de esa chica se conocieran siquiera, en alguien que estuvo ahí cuando las montañas emergieron del océano, cuando los dados todavía no tenían colorcitos bonitos, de cuando peregrinábamos a la copistería del pueblo a sacar las fichas de personaje y nos enterábamos de las novedades cuando ya llevaban un año publicadas.

Y entonces admiré su juventud y belleza y supe que el testigo había pasado de mis arrugadas y temblorosas manos a las suyas, y me dio las gracias algo emocionada y tuvimos que separarnos. Y ahora debo reconocer que mientras la veía alejarse me sentí tentado de pedirle el enlace a alguna de sus redes sociales, para saber como le iría, por si volvía a necesitar mi ayuda, o simplemente por no perder el contacto de una forma tan repentina como había empezado. Pero no lo hice, pues me había convertido en un antiguo, un símbolo representando una época imposible de repetir. Y cuando ya estuvo lejos la vi girarse un instante para saludarme y quedarse con esa última imagen de mi. Para recordar esa vez que se encontró con el atávico del rol.

lunes, 24 de octubre de 2022

Vamos a ponernos al día otra vez.

 

 Los días pasan raudos y con ellos las semanas, meses y años, y mientras seguimos con nuestras rutinas cotidianas quedamos tan absortos con lo trivial que no nos damos cuenta de que cada latido de nuestro corazón nos acerca más y más a la muerte, como una cuenta atrás silenciosa y letal. Pero no nos pongamos dramáticos que de lo que quiero hablar hoy es de cosas. Cosas frikis.

Y es que aunque parezca mentira, sigo vivo y relativamente activo en estos mundillos de depravación cultural por los que me muevo, y hoy toca dar fe de ellos y comentaros un poco a qué me dedico cuando nadie me mira.

En primer lugar estoy jugando a wargames, más concretamente al Warhammer y afinando más aún al Kill Team. Este tipo de juegos, aunque no son puramente estratégicos pues hay un elemento de azar importante y a veces un desequilibrio importante entre facciones, proporcionan un combo interesante entre montaje, pintado y finalmente el juego en sí que me mantiene bastante entretenido y que además mantiene vivas mis relaciones con otros seres humanos.

También estoy jugando últimamente a juegos de mesa, así en general, sin orden ni preferencias, con un grupo de chavales que quedan todos los viernes para probar aquellos juegos que compran compulsivamente, casi seguro que para ocultar carencias y frustraciones de sus vidas mundanas que a mi me vienen de maravilla para poder jugar a cosas sin que repercuta en mi bolsillo.

Por otro lado sigo escribiendo, quizás menos debo reconocer, pero sí de una forma más eficiente. He vuelto a guionizar mi propio programa de televisión llamado "Dimensión raruna" en el que abordo temas paranormales, sigo escribiendo el comic de "Balas verdes" que podéis leer gratuitamente en Faneo y Webtoons y cuya segunda temporada acaba de estrenarse y además continúo con otros proyectos menos públicos pero que espero que vayan viendo la luz poco a poco.

Y también, contra todo pronóstico, he vuelto a asomarme tímidamente al mundo de los juegos de rol después de adquirir un lote de productos relacionados con Glorantha por Wallamierd y que han despertado de nuevo mis ansias de volver a dirigir alguna partida, quizás del nuevo RQG algún día no muy lejano. ¿Lo conseguiré? Yo apostaría a que no, pero el tiempo dirá.

Por lo demás, como siempre: crisis existenciales, episodiod depresivos, ataques de ansiedad, irritabilidad, agresividad repentina con resultados cómicos, persecuciones a través de bazares chinos tirandolo todo por el suelo, accidentes de parapente, doma de animales exóticos algunos de ellos que se creían extintos, visitas a ferias medievales y museos, búsqueda de la verdad en medio de este miasma de sociedad que se autofagocita incluyéndonos en el menú... ¡Ah! Y también cambié de puesto de trabajo.

martes, 26 de abril de 2022

Esta vez tengo excusa.

Que sí, que sí, que no cuesta nada pasar por aquí y hablar de frikadas de vez en cuando, pero os juro que esta vez mi ausencia está justificada.

No voy a entrar en detalles de qué me ha pasado, pero sí voy a dejar una captura del mail que me ha enviado mi médico hoy y que me ha parecido gracioso tanto por el contenido como por el nombre con el que se dirige a mi.

 

Lo dicho. He pasado de ser un jóven y sano jugador de rol y wargames al nuevo hombre elefante del circo de la medicina. Pero estoy bien, no os preocupéis, y muy pronto volveré con más estupideces de las mias.

Un abrazo y cuidado con el sol.
 


lunes, 17 de enero de 2022

Expediciones más allá de los cuarenta.

 

Este fin de semana me decidí, luché contra mi pereza y cogí el coche para ir a visitar las tiendas frikis de la capital, como solía hacer antaño, con la intención de llevarme a casa alguna cosilla con la que engrosar mis ya gruesas de por sí estanterías. Hace unos años esta era una expedición común que solía hacer con la mayor frecuencia posible pues debido a mi actividad en redes, lecturas de blogs, etcétera, siempre tenía alguna novedad en mente a la que quisiera echarle la zarpa. Pero desde hace un par de años y con mi actividad lúdica totalmente centrada en los juegos de miniaturas, podía subsistir tranquilamente con compras esporádicas en Wallapop.

Fui a Alicante, como decía, en busca de la mítica librería Ateneo y su vecina Comix City, ya que tenía hambre de tebeos, pero antes y por motivos familiares, tuve que pasar por el FNAC; y allí empezaron los problemas.

Por algún motivo parece ser que los señores cuarentones somos carne de cañón para un sector industrial que nos ofrece rememorar nuestros mejores años de la infancia por un módico precio, claro está, e inundan nuestros sentidos de maravillas que hace diez años eran impensables. Nada más entrar me topé con una estantería repleta de figuras de Dragonball (de las cuales tengo ya alguna), Masters del Universo (que también), Tortugas ninja y Alien. Estaba el delorean en lego, peluches con forma de caca de Arale, carteras, gorras, camisetas… Tuve la misma sensación que cuando de pequeño me llevaban a una juguetería y me decían que eligiera una sola cosa que además no podía ser muy cara. Pero yo había ido allí con un propósito y por eso me fui directo a la zona de cómics sin pararme a ver música, libros ni juegos de ningún tipo. Y allí, en tan colorida sección mi cerebro terminó de saturarse; porque aunque nunca he sido un gran lector de tebeos, la impresionante oferta que me encontré me tuvo casi una hora mirando, hojeando, sopesando y sudando a chorro sobre páginas repletas de historias fabulosas de toda índole. Y quizás precisamente por ese exceso de oferta, fui capaz de largarme de allí sin gastarme un duro.

La siguiente parada, esta vez sí, la Ateneo. Pero ya no era la Ateneo que yo recordaba; supongo que no debido a que hubiese cambiado demasiado, ya que en esencia ofrece lo mismo que siempre, sino porque al entrar yo sin un objetivo definido, todo me parecía interesante, y otra vez me vi sobrepasado.

En la sección de juegos de rol vi el nuevo RuneQuest de Edge, un libro por el que hace unos años me habría vuelto loco y que ahora me parecía excesivo en cuanto a precio y grosor; también me encontré con un juego de rol de Alien, varias ofertas parta los más peques y como no, clásicos remodelados de Dungeons&Dragons o La llamada de Chthulhu. Mucho rol, en definitiva, que ahora me parecía algo tan lejano que ni siquiera podía pensar en comprar.

Pasé como una exhalación por delante de los juegos de mesa, cuya sección engorda a un ritmo alarmante, y me paré en seco ante la cada vez más reducida vitrina de Warhammer. ¿Soy yo o es que cuando algo me gusta, languidece para los demás? Y aquí no pude resistir la tentación ya que estaba anunciado todo al 25% de descuento (lo cual es el precio normal de las figuras hace dos o tres años) y me llevé una hermosa cajita de armaduras miméticas del imperio t’au, sellando así mi primera compra del día.

Salí de la Ateneo dando volteretas laterales entre cajas del castillo Grayskull y figuras de plástico gigantes de One Piece para cruzar la calle con un salto mortal con triple tirabuzón trasero y plantarme en la puerta de la Comix City entre aplausos de todos aquellos que contemplaron mi gesta, que fueron nadie porque todo el mundo miraba a un señor disfrazado de stormtrooper. Y una vez dentro, más de lo mismo: sobredosis de tebeos ordenados por temáticas, autores en orden alfabético y tamaños de lomo. Me mareé un poco y de pronto me vi rodeado de jóvenes alegres que sí parecían saber qué buscaban; y me sentí como una vieja barca de pesca a la deriva en medio de un lago invadido por motos acuáticas y tablas de kitesurf; un abuelo que sale del cine después de ver una de Marvel y que insulta a todos los que dicen que les ha gustado porque “no tenéis ni idea de cine, en los ochenta sí se hacían buenas pelis”; un ancestro que sale de su cueva en taparrabos para descubrir que acaban de construir una autovía de circunvalación en su puerta y no tienen ni idea de como cruzarla para alcanzar las tierras de caza…

Me despierto en la trastienda ante la indiferente mirada de la dueña del negocio y su fiel ayudante. “¿Otro cuarentón que se ha mareado?” dice él “Sí. Dale lo de siempre y que se vaya”. Y así salgo de la tienda con una sonrisa en el rostro, mirando mis nuevos cómics de las Tortugas ninja y He-man, ocultándolos de los jovenzuelos que solo compran tebeos con nombres raros, de esos en blanco y negro que se leen al revés.

Y al llegar a casa encuentro mi momento de paz, leyendo páginas llenas de personajes conocidos, montando muñecos de plástico que seguro que verán mesa y esperando a que estas estanterías que me rodean, se caigan encima de mi de una vez, y me entierren bajo todo aquello que he sido.

He aquí mis adquisiciones.

 

viernes, 1 de enero de 2021

 


Debo reconocer que me ha resultado mucho más complicado volver que marcharme.

Anuncié el cierre, o mejor dicho la pausa indefinida de este blog con cierto alivio, supongo que debido al hastío que llevaba arrastrando desde hacía ya demasiado tiempo con mis fútiles intentos de mantener viva mi vida lúdica, especialmente en lo referente a juegos de rol. Es por ello que cuando pensé en seguir escribiendo aquí, algo en mi interior, esa vocecita cabrona que todos tenemos, me susurraba al oído eso de “callate, estate quieto que la vas a cagar”, pero tras mucho meditarlo, aquí estoy otra vez. Y por si queda alguien dispuesto a seguir leyéndome, voy a explicar el porqué.

Di el portazo, es cierto. Cansado de pelear por reunir a cuatro personas en la mesa, frustrarme en jornadas roleras y hartarme de sobornar a amigos con promesas de panchitos y fantas de naranjas, decidí alejarme de este mundillo, relegarlo a un cajón y centrarme en otras cosas. Fueron días de cambios al margen de todo esto. Vino el virus, cambié de trabajo, confinamientos, búsquedas de uno mismo en el oscuro y maloliente interior del alma y en medio de todo eso comencé a colaborar en un programa de televisión local hablando de literatura, escribiendo en mi tiempo libre y disfrutando de ese regalo de los dioses que son mis hijas cuando se portan bien, porque cuando no, me subiría a un avión y me estrellaría en los andes para comerme a mis compañeros de vuelo. Pero a lo que iba, que me despisto.

Di el portazo al blog y entre otras cosas me puse a vender algunos excedentes frikis de mi estantería tales como juegos de rol, de mesa y miniaturas del warhammer y fue entonces, estando sentado tranquilamente en el váter mirando el wallapop cuando sucedió el milagro. El vecino de atrás me habló. De pronto apareció un mensaje bajo el anuncio que había puesto para vender unos marines espaciales del conquest diciéndome “Hola, soy tu vecino de atrás. ¿Juegas a Warhammer?” Y así era. Ese tipo al que saludaba con un leve movimiento de cabeza por el simple hecho de vivir a escasos metros el uno del otro de pronto resultaba ser un aficionado a ese bello juego de miniaturas que tantas horas de juego me había dado en el pasado. ¿Y como podía ser que después de quince años de convivencia casi puerta con puerta no supiéramos nada el uno del otro? Pues supongo que por no exteriorizar nuestras aficiones. Igual si yo hubiese tenido un felpudo en mi puerta con el mensaje “Bienvenido aquél que siga al bien supremo” o él una bandera con el águila bicéfala del imperio en su tejado, todo habría sido más sencillo, pero no.

Como no, quedamos, hablamos y descubrimos que teníamos una visión del juego bastante similar, alejada de los sectores puramente competitivos y así llegamos a un acuerdo y comenzamos una campaña narrativa que lleva ya unos meses en marcha y pinta mejor a cada partida jugada. Como no, he vuelto a pintar, a comprar miniaturas y a reorganizar mi ejército que me está gustando más que nunca. Y es por ello que he decidido dejar constancia de todo esto en una serie de entradas que os podrán interesar o no, pero que me apetece escribirlas para empezar el año con algo más que buenos deseos y falsas esperanzas.

Saludos a todos y nos vamos leyendo.

sábado, 16 de mayo de 2020

Cerrad la puerta al salir.

Hay momentos en los que me cuesta entender como he llegado hasta aquí. Como he pasado de tener una pasión que no solo me motivaba sino que me definía e identificaba, a renegar de mí mismo en un gesto de autocondescendencia hacia ese yo pasado al que siempre combatí. Esa voluntad del guerrero que solo piensa en retiradas si es para coger carrerilla o en descansos si van a servir para luchar con mayor fiereza a continuación, ha quedado ya relegada al recuerdo, no necesariamente negativo pero sí algo cómico visto desde mi punto de vista actual.

Hay momentos en los que me cuesta entender como he llegado hasta aquí, decía antes. Pero este no es uno de esos momentos y por eso me he decidido a desprenderme de la pereza y escribir. Creo que no sería justo después de tantos años reseñando juegos, haciendo gracietas varias y enarbolando la bandera de una afición, desaparecer sin decir adiós.

Y si por echar las culpas fuera, supongo que no me faltarían los motivos. Durante estos años he visto como todos mis grupos de juego se han derrumbado, todos mis intentos de simplemente quedar con alguien y jugar a algo, incluso internet mediante, se han quedado en nada, y como no, siempre ha habido alguien a quien poner como excusa, algún factor externo inevitable y como cuando no llueve hace mucho sol, al final no se queda y no se juega y ay que pena a ver cuando podemos todos y que el tiempo acompañe.

Pero tonterías aparte, si tuviese que buscar un factor incapacitante en todos mis intentos de disfrutar de estas aficiones friki-sociales, común en todos los intentos fallidos desde hace quince años hasta hoy, no me costaría demasiado llegar hasta mí mismo. Será por mi soberbia, mi desprecio a todo aquello que huela a nuevo, mi falta de flexibilidad horaria o la nostalgia que me embarga, no he dejado de ponerme piedras en el camino, palos en las ruedas y otras formas de autosabotajes que por un lado me mantenían en mi posición cuasi legendaria de prefriki ancestral, pero que al mismo tiempo me aislaban en mi burbuja de rencor y rechazo.

Y aquí estoy ahora. Cansado y por qué no decirlo, también un poco triste. Rodeado de libros a medio leer, campañas a medio pensar y miniaturas a medio pintar. Embelesado mirando cajas y cajas de tableros y muñecos, cartas y cuadraditos de colores, dados y libros de instrucciones aprendidos y olvidados mil veces sin haberse puesto nunca en practica.

Será por eso que ya no tengo ganas de escribir, relegado a este mundo simple de videojuegos de bolsillo, partidas familiares y colecciones personales. No creo que mis opiniones ni reflexiones sobre nada, vayan a ser interesantes, ni siquiera entretenidas, mucho menos constructivas o edificantes, y por ello voy a cesar en este empeño de seguir por seguir, estar por estar y fingir que no estoy fingiendo.

Agradezco muchísimo todos los comentarios que me habéis dejado, aquellos ocasionales y sobretodo los habituales. Recordaré con cariño los tiempos de Google+ en los que la afluencia de público por aquí era notable. Y como no, atesoraré aquellos momentos compartidos con las gentes que conocí a través de este medio. Glorantha Hispana, Rol en Quart, Novelda Rolea, gentes que pasaron por mi casa venidas de Madrid, Murcia, Barcelona y Valladolid, todos aquellos y aquellas que me estoy olvidando, que no serán muchos pero ya sabéis como es la memoria de puñetera…

Yo me largo de aquí. No del mundo, por supuesto. Seguiré con mis otros blogs (de momento), en redes sociales y seguiré peleando por mi “carrera” como escritor y showman multidisciplinar, pero por otros sitios. Pero no voy a cerrar este blog, por si os lo estabais preguntando. No voy a destruirlo vilmente para poner fin a toda la información aquí contenida, como tampoco descarto pasarme de vez en cuando y dejar alguna reseña ravenloftiana de las que me quedan pendientes o escribir algo sobre algún juego que me esté entreteniendo en el momento, pero sin duda voy a dejar esto un poco aparcado, por lo que no esperéis mucha actividad, ni mucho menos periodicidad, y si alguna vez os acordáis de mí, pensad que solo fui un mal sueño, de esos de cuando uno cena demasiado aceitoso.

Un saludo y buenas noches.
Josep.


lunes, 24 de febrero de 2020

Ya no me gusta el rol


No os creáis. Llevo casi un mes intentando escribir esta entrada y ponerle título me ha dolido más a mi que a vosotros, os lo aseguro, pero tenía que decirlo de una manera u otra y creo que ésta ha sido la mejor. El rol ya no me gusta. No digo que me guste menos que en épocas anteriores, que eso siempre viene y va, es que ya no me gusta, no quiero jugar más, no fantaseo con dirigir campañas a grupos estables de jugadores entregados y no siento ni una pizca de envidia cuando otros comentan sus partidas, asisten a jornadas o simplemente miran esperanzados hacia un posible futuro rolero. ¿Y por qué me ha pasado eso os estaréis preguntando? ¿Podría pasarme a mi, pensaréis? Pues yo os lo cuento en un momento y tan amigos.

Comencé con el rol hace mucho tiempo. Demasiado. Creo que veinticinco años, cuando tenía más o menos quince junto a los amigos marginados del cole. No voy a caer en ese tópico de “el rol me salvó la vida” pero sin duda me cambió, me ayudó a convertirme en quien soy ahora y me abrió las puertas a nuevas amistades, aficiones y en definitiva a una vida de la que no reniego. Los juegos de rol han sido una de las cosas más importantes que han pasado por mi vida y eso es algo que no puedo (ni quiero) negar.

Pero las cosas cambiaron cuando me mudé. En mi nuevo pueblo encontré otro grupo de rol, buena gente, amigos que todavía conservo, pero que a nivel de juego no era lo mismo. Jugaba con miedo a hacerlo mal, faltaba esa confianza ciega que tenía con mi viejo grupo. La afición seguía ahí, con las mismas ganas, con mayores posibilidades quizás, pero con otro sabor.

Hace diez años decidí abandonar. Nació mi hija, comencé con un trabajo que me mantenía ocupado durante una cantidad indecente de horas a la semana y supe que no podría seguir dedicando tiempo a mi hasta ese momento única afición. Guardé los libros, los dados y los lápices y debo reconocer que obtuve cierta paz.

Pero la cabra siempre tira al monte y el rolero a la ficha de personaje por lo que me dejé engatusar por las gentes de Glorantha Hispana (no era miembro pero me invitaron a través de este blog a una de sus quedadas) y jugamos una partida que me pareció memorable. De pronto recuperé mi viejo espíritu y decidí que eso no podía seguir ignorado, por lo que reuní a un grupo de amigos, organicé una campaña y empezamos a quedar. Fueron buenos tiempos he de reconocer. Me sentí rejuvenecer, recuperé la ilusión y me divertí como no hacía desde muchos años atrás. Pero todo termina al final y ese grupo acabó disolviéndose por motivos varios que no vienen al caso ahora mismo.

A partir de ese momento me convertí en un mercenario. Dirigía partidas sueltas en jornadas, trataba de jugar campañas en la asociación a la que me apunté, busqué mil formas de enganchar a unos jugadores que no parecían del todo motivados y me pregunté muchas veces si la culpa sería de la diferencia de edad, de que me había convertido en un director de juego retrógrado o que simplemente la gente no vivía esto como yo.

El último intento salió casi bien. Conseguí meterme en un grupo pequeño pero motivado y jugamos cuatro o cinco partidas hasta que todo se fue a la mierda otra vez. Y entonces lo comprendí.

Comprendí que el rol era solo una excusa para estar con mis amigos, esos marginados del cole con los que nadie más quería relacionarse. Era una forma de cohesionarnos, de hacernos fuertes apoyándonos unos en los otros y crecer juntos. Y por eso cuando esa etapa pasó, ya jamás podría volver a repetirse.
Digo que ya no me gusta el rol pero quizás no me haya gustado nunca, al menos no más de lo que le gusta el deporte a un deportista o la montaña a un senderista. El rol no nos hace especiales si no que somos nosotros los que lo hacemos especial y a mi ya se me ha pasado ese momento.
Os deseo a todos mucha suerte en vuestras partidas, que lo disfrutéis mucho y seáis capaces de trasmitir vuestra pasión a futuras generaciones pero yo lo dejo aquí. Demasiados plantones van ya, demasiados disgustos y frustraciones acumuladas como pasa seguir peleando por algo de lo que cada vez soy más ajeno.

Y que conste que no lo digo en tono de pena. Estoy más tranquilo que nunca. Seguiré pintando miniaturas, escribiendo reseñas y echando partidas con mis peques los días de lluvia o compartiendo mesa con quien quiera tenerme en ella, pero se terminaron las lecturas de libros que no jugaré, hacerles ojitos a las novedades editoriales o crowdfundings y predicar en el desierto eso de que el advanced es lo mejor y que los que juegan a Vampiro no tienen ni idea.
Esta ya no es mi batalla.
Aquí os quedáis.




jueves, 19 de diciembre de 2019

El precio de la fama

Mmmm… ¿Hola? ¿Se ha marchado ya toda esa gente? Parece que sí, así que voy a asomarme de nuevo al blog para contaros algo, fieles lectores de siempre, que me ha dejado un poco perplejo.
Y es que resulta que la última entrada del blog, justo la que tenéis debajo de ésta se viralizó, que es eso que pasa en internet cuando algo llega a mucha más gente de la esperada y resulta ser un “éxito”. En este caso fue compartida (no por mi) en un grupo de facebook dedicado a los juegos de rol y desde allí (y creo que también desde twitter pero en menor escala) comenzaron a llegar visitantes que por lo general no se pasan por aquí ni perdiéndose. Y como no, llegaron comentarios al blog y fuera de él y algunos me sorprendieron de forma especial, haciéndome reflexionar sobre algunas cosas del escribir.
Por un lado debo decir que me dejó perplejo la cantidad de gente que se tomó la entrada de forma literal. Pensaba que mi tono de escritura dejaba claro que esto no va del todo en serio y por si las moscas el título del blog va siempre por delante, pero no. Gente llamándome llorica, diciendo que menudo drama e incluso me pusieron un meme donde se veía a aun señor que no sé quien es, llorando.
Por otro lado me encontré con varias opiniones poco afortunadas sobre mi forma de escribir; que si soy muy enrevesado, que si no se entiende nada, escritura poco clara… Hasta un tipo aseguraba no haber podido pasar de la séptima línea.
Y luego, también, los que hacían sugerencias poco amables sobre el aspecto general del blog. Que si el texto no está justificado, que si la fuente y el tamaño lo hacen difícil de leer, que si el aspecto en general está muy anticuado… En fin. Lo que viene a ser mirar por la ventana ajena y protestar porque en la tele no ponen lo que a uno le gustaría. No sé si se ha entendido esta comparación. Seguramente no, porque escribo tan mal y me disperso tanto… Pero voy a lo que iba, que es mi reflexión sobre todo esto.

Mi reflexión sobre todo esto es que menudo coñazo debe ser escribir en un blog popular, de esos que leen cientos de personas, comentan y opinan. Teniendo en cuenta la cantidad de gente que procesa de forma literal lo que lee, que es incapaz de adaptarse a otros estilos (quizás peores, no voy a echarme ninguna flor que no sea venenosa) y que no tiene del todo claro que cuando algo es gratis lo mejor es callarse o por lo menos bajar el tono de las sugerencias.
Porque una cosa es cuando escribo algo que decido publicar en papel y por lo tanto hacer pagar por ello, en cuyo caso debo trabajar lo máximo posible por ofrecer algo de calidad, bien acabado y como no, aceptando las críticas, agradeciéndolas y aprendiendo de mis errores; y otra muy distinta escribir por ocio en blogs, redes sociales y otras formas de entretenimiento efímero.
Por eso no entiendo a los “blogueros de éxito”, a los youtubers e instagrammers que tendrán a cientos de personas agazapadas esperando para saltar sobre sus yugulares tratando de hacer algo de sangre con algún misterioso propósito, quizás el de formar parte de algún modo, aunque sea el peor modo, de la existencia de esos personajes públicos.
Por suerte yo no estoy entre ellos, ni en un lado ni en otro, y puedo prometeros, oh lectores fieles de siempre, que seguiré esforzándome por hacer las cosas lo suficientemente mal y no llegar nunca a ese punto. La gente esa tan rara, para quien la quiera.

¡Ah! Y por si tardo en volver a aparecer por aquí… ¡Feliz año nuevo!

Que este señor os traiga muchos regalos.

viernes, 22 de noviembre de 2019

Tormenta de nada.



Tengo que reconocer que esto se ha ido al carajo. Aunque pensándolo empíricamente, que no sé qué significa, nunca ha dejado de estar un poco en el carajo. Este blog nunca ha llegado a despegar, dejando de lado los primeros años en los que contaba con algunos amigos y compañeros de afición como lectores y ese repunte que tuvo en la época del Google+, nunca fue algo para tirar cohetes. Y ya van diez años de blog, no os creáis que acabo de llegar...
Comencé a escribir azuzado por eso que se decía en la época de que “los blogs están muertos” y ahí me tiré de cabeza, por mi amor a las cosas decadentes, olvidadas, inútiles… y aquí sigo diez años después, sin un número significativo de lectores, sin apenas comentarios que llevarme a la boca, sin “feedbacks” ni “hypes” ni otras cosas de esas modernas que hacen populares a los contenidos de internet.
Pero ya he reflexionado muchas veces sobre las causas de esto. Que si empecé en mal momento… Que si los contenidos son demasiado dispersos… Que si escribo mal y a nadie le interesan mis mierdas… Y no voy a seguir por ese camino, lo juro. Lo que voy a hacer va a ser sintetizarlo todo con un ejemplo de algo que me pasó hace muy poquito y que resume muy bien no solo el sentido de este blog, sino mi vida en general.

Hallábame yo ejerciendo mis obligaciones laborales casi empezando mi jornada intensiva de 12 horas divididas en dos fracciones mañana-tarde para mayor comodidad de mis viejos y cansados huesos cuando mi teléfono móvil me notificó una notificación, válgame la redundancia. Al abrir la tapa del aparato me encuentro con que he recibido un mail de una chica, lo que hace que me lama la palma de la mano y me la pase por el pelo instintivamente. Al leerlo descubro que ésta se ha puesto en contacto conmigo ya que forma parte de una nueva editorial rolera llamada Shadowlands y quieren contar con el apoyo de mi blog para reseñar sus nuevos productos, basados en la quinta edición del D&D. Y aún no jugando a esa edición me siento profundamente halagado ya que en secreto siempre he sentido cierta envidia de esos blogs a los que una o varias editoriales eligen para ser sus reseñadores oficiales. Y fantaseo, como no.

Cierro los ojos y me imagino recibiendo cada mes una caja con libros que analizo con profesionalidad y reseño exhaustivamente, cuyas visitas van aumentando, las ventas de esos libros creciendo y debido a la fuerte conexión entre blog y editorial terminamos forjando una alianza irrompible. Lo demás ya lo imagináis: hordas de jugadores peregrinando hasta mi casa para que les dirija campañas que no piensan abandonar a medias por nada del mundo, bragas y sujetadores colgadas en mi puerta todas las mañanas, sacrificios en mi honor, baile y jolgorio en celebraciones narcotizadas por el efecto de las drogas y los dados de veinte trucados… Pero me dura poco la alegría.

Al cabo de unas semanas comienzo a ver reseñas de “Tormenta de fuego” (así se llama el libro) en otros blogs y páginas especializadas. Al principio son los habituales y no me puedo quejar ya que tienen enormes audiencias y no me extraña que también se lo hayan ofrecido, pero poco a poco la cosa se va volviendo extraña. Comienzo a ver reseñas del juego en blogs no especializados en el rol, como los dedicados a wargames, empiezan a aparecer en páginas que ni conocía, blogs que llevaban meses o incluso años abandonados, comentarios en las redes sociales diciendo cosas como “Fijaos, me han regalado un juego a pesar de que abandoné mi blog rolero hace quince lustros” y cosas así que hacen que pierda esa ilusión de exclusividad que me creé yo solito y termino aceptando que no soy especial para nadie, sino un mediocre más. Desgraciadamente, siempre se puede caer más bajo. Ya veréis, ya.

Pasan los días y no dejo de mirar mi buzón al llegar a casa, esperando que por lo menos, siendo más o menos exclusivo el libro me mole, pero no llega. Pasa una semana, dos, tres… Todo el mundo ha reseñado el módulo ese en sus blogs, canales de youtube y podcasts excepto yo, porque ni lo he olido. Supongo y temo no equivocarme, que esa editorial llamada Shadowlands dedicó una parte de la tirada inicial, treinta o cuarenta libros a promoción y yo estaba el número cuarenta y uno. Y me quedé fuera. Como siempre. Con la ilusión hecha para nada. Con los sueños construidos para ahora poder sentarme y ver como se deterioran y se caen, convertidos en polvorientas ruinas roleras. Como todo en esta vida ya. Que asco me da todo a veces, joder.

He aquí mi ejemplar del libro.

miércoles, 6 de noviembre de 2019

Los fantasmas del rol (Parte 4 y última)


Última noche de visitas fantasmiles y ya ni me quito la ropa de trabajo. Me limito a sentarme en la cama y a esperar. El reloj marca las once y cincuenta y nueve y reconozco que estoy un poco nervioso. Lo de los fantasmas del rol empezó medio bien pero al final me están metiendo mucha caña y el del futuro... A saber qué me cuenta y donde me lleva. El reloj marca medianoche y espero. Espero. Espero... Pasan justo cincuenta y nueve segundos cuando noto que algo sale de debajo de la cama, me agarra de los pies y me estira hacia abajo. me resisto pues eso no son maneras pero es fuerte el cabrón y me lleva con él. Pero lo peor es cuando le veo. Allí, debajo de la cama, en penumbra, me hallo ante un tipo raro, calvo y con greñas rizadas que le caen sobre los hombros, un parche en un ojo y lo que parece una pata de palo. Me asusto y trato de huir pero me inmoviliza con una llave de aikido. Me revuelvo y volcamos la cama. Abre la boca y casi no tiene dientes, huele raro, respira con dificultad. Mal rollo. No sé qué está pasando y entonces grita:

-¡Soy tu fantasma del futuuuro!
-¡Joder qué te ha... qué me ha pasado!
-¡Muahahaha! -rie como un lunático-. Aquello que tu te has buscado, joven yo. 

Entonces me da una sonora colleja y aparecemos en un cuartucho oscuro, iluminado solo por la luz de la luna que entra por una rejilla de ventilación. Huele mal. A papel mojado y animal muerto. 

-¿Donde estamos? ¿Qué es este sitio?
-Un habitáculo de almacenamiento de recuerdos -me dice.
-Joder, que futurista suena eso.
-En realidad es como yo llamo a los almacenes de alquiler.
-¿Me estás diciendo que es uno de esos almacenes que la gente alquila para guardar la basura que no le cabe en casa?
-Exacto.
-¿Como el programa ese de las subastas?
-Exacto.
-¿Me estás diciendo que yo vivo aquí?
-Yo no diría vivir exactamente. Digamos que el rol en el futuro ya no tiene sentido en tu vida ni como entretenimiento personal, así que has tenido que alquilar uno de estos sitios para guardar tus libros, muñecos y demás. Y regularmente vienes aquí a mirarlos, en busca de recuerdos de tu vida pasada, seguramente lleno de arrepentimiento por no haber hecho las cosas de otra manera.
-Entiendo... Es bastante triste.
-¿Triste dices? Todos tus libros están amontonados, algunos cogiendo polvo y humedad por falta de fundas protectoras.
-Ya veo... Hay un buen montón ahí en la esquina. ¡Oh! Veo que conseguí el Traveller al final. El de la cajita negra. Pero oye... ¿Como es que yo no salgo en esta visión. Normalmente estoy presente en la escena.
-¿Quien te ha dicho que no estás? -me dice el fantasma mirándome fijamente con su ojo bueno en un tono siniestro a la par que señala con su huesudo dedo a algo que sobresale bajo los libros y cajas de muñequitos.

Y al acercarme a mirar compruebo que de entre el montón sobresale un brazo agarrotado, muerto, sosteniendo todavía entre sus dedos rígidos la carpeta con las hojas de personaje acumuladas durante los buenos años de juego. Y se deslizan de sus dedos el guerrero yelmalita de Marcos, el mago nigromante de Cristian, el psiónico de Joan, el bribonzuelo de Ángel... Personajes muertos por la inactividad, por la falta de juego, por el deseo asfixiado bajo una pila de prejuicios, manías y aires de superioridad frente a una realidad cambiante que nunca quise aceptar. Como la pila de libros viejos, algunos jamás usados que ahora servían de tumba a ese yo del futuro que yacía enterrado, muerto sin llegar a comprender el porqué de su desgracia.

-No pongas esa cara. Sabes que eso te podía pasar.
-Es verdad. Siempre he sido un inútil montando estanterías.
-Siempre has sido un inútil haciendo muchas cosas, pero por eso hemos venido. Para darte una segunda oportunidad y que no acabes así.
-Ahora lo entiendo… ¿Puedo llevarme esa pantalla del Stormbringer?
-Una ostia es lo que te vas a llevar.

Entonces el fantasma del futuro me da una colleja y me despierto en mi cama, empapado de sudor, con medio cuerpo fuera y un pie metido en el orinal. Sabía que no me tenía que comprar ese trasto. No estoy en condiciones de dormir y me levanto, bajo al sótano y me siento en mi sillón, a oscuras. La escasa luz que entra por el ventanuco ilumina lomos de libros y esquinas de cajas que no logro identificar, pero si cierro los ojos puedo oír todavía los gritos de guerra, el entrechocar de espadas, los disparos de blasters y el rugido de algún dragón. Hay tantos buenos recuerdos ahí metidos…

Y finalmente, sea por la somnolencia, la melancolía o por culpa de ese sueño raro de los fantasmas del rol, llego a la conclusión de que los recuerdos siempre estarán allí, que quizás no sea cuestión de revivirlos si no de generar nuevos y apilarlos, unos sobre otros, cronológicamente como una buena colección y dejarse de tanta tontería. Quizás me animo y mañana mando algunos wassaps. Que igual no está tan mal jugar a otras cosas, probar esos juegos narrativos sin dados y sin master, o esos otros que todos son masters a la vez, o aquellos que…

Fundido en negro y fin.

miércoles, 30 de octubre de 2019

Los fantasmas del rol (parte tres de la tetralogía)



Vaya mierda de día, ya ni me interesa el fresquito del otoño ni leches. Me meto en mi cuarto algo asqueado cuando faltan cinco minutos para las doce y me quedo sentado esperando al fantasma de hoy, que no sé si será el último o no. Aparece puntual como siempre, esta vez por la ventana, supongo que por variar. Se parece bastante a mi en estos momentos, con el cabello corto y engominado para atrás, camisa blanca, tejanos y unas deportivas marca Paredes voladoras. Voladoras porque flota en el aire como entidad, no es que sean un modelo especial ni nada.

-Buenas noches. Soy el fantasma del rol presente. ¿Nos vamos? Tengo un poco de lío -me dice-.
-Claro. te estaba esperando. 

Y sin más dilación, al tocarle la mano nos hundimos en el sótano de mi casa y allí me veo a mi mismo, más o menos ahora, sentado en mi cuartito friki. Un sillón antiguo junto a una enorme estantería repleta de manuales de rol nuevos y viejos, leyendo el Mutant Chronicles de La Factoría iluminado por una lámpara de Goku. En una mesa frente a mí una pila de miniaturas de Warhammer a medio pintar, un juego de mesa montado y notas y apuntes por todos lados. Miro en mi rostro y veo cierta paz, tranquilidad.

-¿Qué te parece esta escena? -me pregunta el fantasma del presente.
-Es... Lo que hago ahora. Leer manuales que difícilmente llevaré a la mesa, pintar muñecos con los que no voy a jugar y... pasar el tiempo, supongo.
-¿Y por qué crees que has terminado así?
-No sé. La edad, la familia, el trabajo, la falta de tiempo...
-¿Otra vez echando las culpas a los demás?
-En cierto modo sí. Ahora la gente juega a juegos de mesa de contar cuadraditos, a rol en vivo, quinta edición de mierda y cuando les hablas de rol clásico te nombran el Vampiro que es super gay y...
-¿Ves? ¿Te das cuenta de que el problema eres tu? Tu momento fue hace veinte años y desde entonces no has hecho más que resistirte a los cambios. Has sido el predicador de todo aquello que ya murió y has despreciado sistemáticamente todo lo nuevo. No has hecho ningún esfuerzo por adaptarte a nada ni a nadie y ahora te has quedado solo.
-¿Y qué otra cosa podría haber hecho si no me gusta nada de lo que gusta a los demás?
-¿Ya no recuerdas al primer fantasma del pasado? ¿Qué te enseñó?
-Que lo importante no es el juego si no la diversión. ¿No?
-No lo sé. Aquí las respuestas tienes que buscarlas tu. Vamos arriba otra vez y prepárate porque mañana viene el último fantasma. El del futuro.
-¿Como que me prepare? ¿Qué le pasa a mi futuro?
-Ya lo verás -me dice con una sonrisa antes de desaparecer.

Y en el próximo y último catípulo.... ¡Llega el misterioso fantasma del futuro!

viernes, 18 de octubre de 2019

Los fantasmas del rol (parte 2 de 4, seguramente)


Cae la noche. Subo a acostarme y me pongo el pijama completo, lo que me da un poco de calor y por ello no me tapo. Me quedo mirando a la puerta a ver si aparece el segundo fantasma pero parece que tarda. ¿Y si lo de anoche hubiese sido un sueño? ¿Y si lo hubiese flipado todo? Pero al mismo tiempo fue tan real... Miro el reloj y faltan diez minutos para las doce. Si a y cinco no ha aparecido, me duermo y que le den. Pero aparece, vaya si aparece, justo a las doce como un ninja melenudo se planta ante mi el segundo fantasma. No cambia demasiado respecto al primero a excepción de la espalda algo más ancha, las facciones más cuadradas y que lleva una barba algo descuidada.
-Hola -me dice-. Soy el fantasma del rol del pasado, pero no tanto.
-¿Como que "del pasado pero no tanto"? -le pregunto algo sorprendido-. ¿No deberías ser el del presente?
-No porque eres tan viejo que necesitas dos del pasado para poder ocuparnos de todas las etapas.
-Pues yo creo que habiendo puesto uno así sobre los veintipocos años habría sido...
-Mira, no he venido a discutir esto. No sabes todo el papeleo que hay que montar para esto de las apariciones como para que tu vengas ahora a opinar sobre algo que no sabes. Venga, dame la mano que te llevaré a un sito guay.

Y así al tocarle damos un salto, no tan lejano en el espaciotiempo como el anterior, pero igualmente sorprendente y mágico. Al aterrizar nos encontramos en una especie de oficinas llenas de mesas con ordenadores algo viejunos, posters de viajes y otras cosas desconcertantes. Pero reconozco el lugar. Es el antiguo casal de la juventud del pueblo donde actualmente resido. No hay ni dios porque presumo que es fin de semana, pero al fondo hay una sala anexa donde solíamos quedar. Está iluminada así que me acerco y miro en el interior. Allí está mi yo barbudo y melenudo sentado a la mesa dirigiendo una campaña de RuneQuest a Esteban, Ángel, Marcos y Manolo. Automáticamente comparo la escena con la vista la noche anterior y veo las diferencias. Detecto algo de tensión en mis movimientos y palabras. Gente nueva que está muy lejos de la complicidad que tenía con mis viejos amigos, la responsabilidad de dirigir algo que les guste, la incertidumbre de si querrán quedar otro día...

-¿Qué te parece? -me pregunta el fantasma del pasado pero no tanto.
-Esto ya no era lo mismo, pero...
-¿Pero qué?
-Quizás no disfruté de estas partidas por el miedo a no encajar.
-¿Hicieron ellos algo para que no encajaras?
-No. Al contrario. Me aceptaron como a uno más del grupo desde el primer día.
-¿Entonces quién saboteó tu diversión?
-Supongo que yo mismo, al preocuparme por cosas más allá de la simple y llana diversión. Por primera vez en mi vida me preocupaba por utilizar bien las reglas, por crear partidas con cierta coherencia lógica, por...

Miro al fantasma con tristeza y me doy la vuelta para salir de allí. Fueron buenos tiempos sin duda, conocí a gente a los que sigo llamando amigos hoy en día, pero no dejé que las cosas fluyeran por miedo, o añoranza, o simple cabezonería.

-Llévame a casa -le digo al fantasma-. Quiero dormir un poco.
Y sin decir palabra me pone una mano en el hombro y aparezco de nuevo en mi habitación. Tenía sueño antes pero ahora no puedo dormirme.


En la próxima entrada... ¡Aparece otro fantasma del rol! ¿Pero cual?

domingo, 29 de septiembre de 2019

Los fantasmas del rol (parte 1 de 4, creo)


Ya llega el fresquito y con él mi época favorito del año. El otoño para muchos es triste, húmedo y sucio; pero yo lo veo como una época de renovación donde todas las cosas comienzan a morir para renacer más tarde o más temprano. En otoño el aire es fresco, el canto de los pájaros (los que nos quedan) más nítido y las lluvias limpian el aire y la tierra de desperdicios varios.
Otoño, como decía. Las jornadas laborales no me dejan tan agotado y puedo permitirme ir a la cama un poco más tarde. Me acuesto casi a medianoche y me tapo la cabeza con las mantitas, que empiezan a hacer falta, cuando noto algo extraño. Me siento observado, como si alguien hubiese entrado en mi habitación y estuviera en silencio, mirandome. La sensación no desaparece así que saco la cabeza y entonces le veo. Justo a los pies de la cama una presencia preternatural que flota a un palmo del suelo con la forma de un joven delgado, vestido de negro y con los largos cabellos moviéndose en el aire, ingrávidos. Estoy a punto de asustarme cuando me mira y habla.

-No te asustes -me dice.
-¿Quien eres tu? Si quieres dinero, no tengo. Y si vienes a por mi alma, tampoco.
-¿No me reconoces, gilipuertas? Soy tú, hace veintipico años.
Entonces me fijo en su aspecto, esas greñas tan bien hidratadas, la delgadez, la expresión impasible en su imberbe rostro...
-¿Y qué haces aquí? -le pregunto desconcertado.
-Soy tu fantasma del rol del pasado -me responde tan tranquilo.
-¿Fantasma del rol? ¿Eso es como los fantasmas de navidad de Dickens pero en..?
-En rol -termina mi frase.
-¿Y qué quieres de mi? ¿He hecho algo mal? ¿Estoy siendo un mal rolero y por eso me queréis hacer reflexionar?
-Algo así, pero no tan serio -me explica-. Es más bien que eres un poco tonto y parece que no te das cuenta de algunas cosas.
-No entiendo...
-Por supuesto que no. Dame la mano y lo verás.
Y entonces me levanto, le doy la mano a la aparición y juntos nos desplazamos a velocidades supersónicas a través del espacio y el tiempo cruzando ríos, montañas, ciudades, años y lustros como si nada. Llego un poco mareado pero al recuperar la compostura miro sorprendido a mi alrededor.

Me encuentro junto a mi fantasma del rol pasado en un garaje de techo bajo junto a un coche plateado. Hay una mesa de ping pong plegada, varios artilugios de electricista y una puerta que conduce al piso de arriba. Reconozco el lugar pues es donde nos reuníamos los viejos amigos para jugar; nuestro santuario durante los primeros seis o siete años de juego. Oigo voces en la esquina más lejana y al asomarme nos veo, en una mesa montada junto a una batería, Joan, Lluis, Marcos, Rafa, Cristian, Ferran y yo, riendo, tirando dados y comiendo galletas. La escena trae tantos recuerdos a mi cabeza que me quedo aturdido, casi emocionado. Los buenos tiempos del rol ante mis ojos, tan real…

-¿Qué te parece? -me dice el fantasma.
-Bueno... Fueron buenos momentos. Jugábamos mal, no entendíamos demasiado las reglas de los juegos ni sabíamos estructurar aventuras ni campañas, pero nos divertíamos muchísimo.
-¿Entonces tienes claro que lo importante aquí es la diversión?
-Por supuesto. Siempre lo he tenido claro. Oye... ¿No nos pueden ver ni oír, no?
-No.

Entonces me acerco y me asomo tras la pantalla del AD&D donde Joan esconde algunos mapas de los Reinos Olvidados y anotaciones totalmente indescifrables. Siempre le dijimos que no necesitaba esconder sus notas pues tenía tan mala letra que era imposible adivinar nada. Después paso por detrás de mi yo anterior y los otros jugadores y me fijo en los dibujitos de las hojas de personaje, las virutas de las gomas de borrar, los dados escasos y gastados... Sin duda eran buenos tiempos.

-¿Puedo tocarles? -le pregunto al fantasma.
-¿Y para qué quieres tocarles? Mira que eres raro -me responde-. Anda, dame la mano que nos vamos.
-¿Ya? Vamos a esperar un poco que creo recordar que ahora venía un combate épico contra unos drow y...
Pero el fantasma parece tener poca paciencia, me agarra por las orejas y en un plisplas me planta de nuevo en mi cuarto, en la actualidad.
-Espero que pienses en lo que has visto -me dice muy serio-. Mañana vendrá otro fantasma y te dará otra lección.
-Lo suponía. He visto la peli de "Los fantasmas atacan al jefe".
-Lo digo porque te pongas los pantalones del pijama para dormir, que se me hace raro eso de ir con un señor cuarentón en calzoncillos por ahí.
Y dicho esto desaparece, me vuelvo a acostar y trato de dormir, sin lograr apartar de mi cabeza tan bellos recuerdos.

En la próxima entrada... ¡Aparece otro fantasma del rol! ¿Pero cual?

viernes, 12 de julio de 2019

De gurús y teorías roleras.

Cuando comencé a jugar a rol, en esa época en la que el mar todavía estaba libre de plásticos, los montes cubiertos de verde y grandes reptiles sobrevolaban el… Bueno, ya me entendéis. Recuerdo que eran tiempos confusos en los que esto de los juegos de rol no era más que una afición rara y minoritaria, los distintos grupos totalmente cerrados y por supuesto, no había ni rastro de internet, ni sus foros, ni sus redes sociales ni blogs o youtubes.

Nuestro grupo rolero (club de rol, como antes se les llamaba) estaba en una zona de la geografía algo complicada pues eramos de un pueblo pequeño donde no podíamos acceder a todo el material que había en el mercado (que no era ni mucho menos tanto como en la actualidad) ni relacionarnos con otros jugadores por la combinación de hermetismo y aislamiento. Quizás al imaginar la situación hoy en día y más si me lee alguien que ronde la treintena (o menos incluso) le parezca un horror, pero no era así para nada. Eramos un grupo de cuatro amigos que se divertían tirando dados alrededor de una mesa sin entender muy bien el concepto de juego de rol, ni el de interpretación, ni el de inclusión social, pero teniendo clarísimo que allí lo importante era la diversión. Diversión y nada más. ¿Y a donde quiero llegar con esta entrada? Pues al punto en el que para algunos, parece ser que los juegos de rol deben ser jugados “bien” y con su buena voluntad ofrecen sus conocimientos a los jóvenes y recién llegados, convirtiendo esta bella afición en algo más serio y logrando, algunas veces, cargarse ese elemento divertido del que no nos deberíamos olvidar. Estoy hablando de los gurús de la teoría rolera. Aquellos expertos en la materia que algunas veces estarían más guapos (incluso) callados.

Me permito volver a mis años púberes de nuevo para un último ejemplo. Jugábamos a rol de una forma libre y eso hoy en día podría traducirse en que jugábamos “mal”. Con 14 o 15 años y sin un referente para enseñarnos como se jugaba a eso malinterpretábamos muchas reglas y nos pasábamos por el forro muchas otras. Eso de interpretar no acabábamos de pillarlo y los trasfondos de personajes se parecían más a relatos que algunos escribíamos de forma voluntaria que a verdaderos conectores con otros pjs o a la ambientación de la campaña. Nuestras partidas se parecían más a gincanas (o como se llame eso) en las que había que pasar por varios puntos resolviendo varios conflictos, que a tramas mínimamente elaboradas y fue a base de jugar, jugar y jugar, exprimirnos mucho el coco para crear algo interesante, conocer a algunos jugadores de fuera y leer otros manuales que fuimos entendiendo lentamente que había otra forma de jugar. ¿Mejor? ¿Peor? Eso no nos importaba mientras siguiera siendo divertido.

Hoy en día, bien entrado el siglo XXI las cosas son muy distintas. Los juegos de rol tienen su pequeño espacio en la red de redes (este blog es un ejemplo de que cualquier mindundis puede escribir sobre ello) y como no podía ser de otra manera han aparecido expertos en el tema que cargados de voluntad y buen hacer, dedican su tiempo de forma desinteresada a explicar a los nuevos jugadores e interesados en el tema en general, como aprender a jugar de forma fácil, rápida y “correcta”. Por supuesto que sí, amigos, hay una forma “correcta” de jugar a rol y para ello se ha creado desde hace unos años hacia aquí la llamada “teoría rolera”. Y ahora que ya llevo media hora escribiendo, voy a entrar por fin en el tema de hoy.

La “teoría rolera”, a partir de ahora la “puta teoría rolera de mierda” o PTDM es una herramienta muy útil para hacer creer a la gente que empieza en esto que hay unas normas a seguir, una forma de jugar “bien” y una serie de trucos secretos que nuestros líderes roleros conocen y nos transmiten para que nuestras partidas, ya seamos directores o jugadores sean únicas y perfectas… aunque ello se logre en detrimento de la diversión, que debería ser la única norma. La PTDM, en mi opinión, no es más que una forma de vanagloriarse y de ver sus “likes” y por lo tanto sus egos aumentados por parte de aquellos que creen que los juegos de rol son algo más serio, profesional y cuadriculado de lo que en realidad son.
Y me da puta pena pensar que hay chavales y chavalas por ahí queriendo jugar a rol y que en lugar de invertir su tiempo simplemente jugando, ven horas y horas de consejos, ideas, normas y videos de gentes jugando para “aprender” cuando se les olvida que esto no es un deporte, que no hay nada competitivo en el rol (y ese es el motivo por el que yo llevo tantos años jugando) y que cuanto más aprendes a hacerlo “bien” más presión has de soportar sobre tus hombros y por lo tanto menos divertido se torna.

Me da puta pena leer crónicas sobre jornadas donde nuevos directores de juego se enfrentaban a grupos de jugadores dispares, muchas veces sin relación alguna con ellos y después se debatían en la duda de si lo habían hecho “bien” o si éstos estarían decepcionados con la partida, dejando de lado si hubieron risas, interés o si simplemente pasaron un rato entretenido.
Me da más puta pena aún pensar que hay gente que prepara y dirige partidas con gran esfuerzo y después no es capaz de disfrutarlas porque “que esto salga bien es labor del director de juego y si no sale igual que en los videos de youtube lo he hecho mal”, como si el director no tuviese derecho a pasarse las reglas del manual por el forro y simplemente disfrutar como un jugador más.

Y me da la superputa pena pensar que por culpa de los grandes consejos de la puta teoría rolera de mierda, personas que ponen todas sus ganas en una partida, que esta salga estupendamente y sean felicitados por sus jugadores, sustituyan la satisfacción del trabajo bien hecho por la frustración de no haber hecho bien sus deberes y se exijan más y más cuando muchas veces en estos juegos que lo único que cuenta es divertirse, menos sea más. Ahora y en el pleistoceno.

Y así, con esta pequeña descarga de ideas que tenía en la cabeza y no me dejaba dormir, solo me queda decir que menos teorías, menos youtubes y menos sabios y más jugar, bien o mal, pero siempre divirtiéndose. Buenas noches cocodrilos.

sábado, 6 de octubre de 2018

Ni crowdfundings ni crowdfundongs



Antes de nada, y eso viene a significar antes de empezar a rajar a todo el mundo, debo decir que no soy muy amigo de los mecenazgos. No solo me gusta poder ver y tocar aquello por lo que voy a pagar si no que la misma idea de llamar “mecenazgo” a algo que debería llamarse “preventa con privilegios” (un mecenazgo es otra cosa que solo se parece remotamente a esto que se hace hoy en día) me repele en sobremanera.
Pero a pesar de este párrafo tan digno de aquí arriba, he de reconocer que he caído en más de uno y más de dos (concretamente tres) de estos mal llamados mecenazgos. Y visto lo visto, creo que me planto.

La primera vez fue con el RuneQuest de Runa Digital. Volver a tener un RQ en español me parecía una idea atractiva ya de por sí, pero sobretodo el pensar en futuras publicaciones y suplementos me hacía recordar aquella época en la que mis líneas editoriales estaban vivas y nos enterábamos con alegría de las novedades. Pero esto jamás pasó con el nuevo RQ. Por problemas de derechos y demás, fue imposible sacar el libro de Glorantha y la aventura con Runa Digital quedó ahí. Es un buen libro, con una pantalla preciosa y con una campaña del Mediterráneo Mítico muy interesante, pero en cuanto a continuidad, y como dicen los ingleses “my pleasure in a pit”.

Un tiempo después volví a picar. Esta vez era el Walpurguis, un juego basado en las películas de serie B y que además de original, me parecía un proyecto muy honesto al demandar solo 600€ para lanzar el juego. Fue por ello que pagué y al final recibí el que sin duda es el libro más feo de mi estantería. Formato apaisado con tapa dura… Una portada algo confusa, maquetación justiniana e ilustraciones en escala de grises que no se entienden. Confieso que no he leído el libro. Lo recibí, lo hojeé y fue directo a la estantería y de canto, que si no, me sobresale.

Y finalmente mecené por Dungeons&Darkrooms, motivo por le que estoy escribiendo esta entrada y que recibí ayer mismo. El proyecto tenía buena pinta: 25 losetas tridimensionales para montar tu propia dungeon con escaleras y cambios de nivel. Además, traía puertas (al estilo Heroquest), losetas de trampas y bichos, pjs y un libreto de reglas además de una aventura diseñada por el glorioso Ricard Ibañez, que aunque lo he puesto de coña, no se puede negar que su nombre es un sello de garantía dentro de este mundillo. ¿Qué podía fallar? Además contaba con el atractivo de que solo había una posible aportación de 25€ en el mecenazgo. Nada de productos de primera y de segunda, nada de “Uy pero esta no es la edición de tapa dura con la firma del autor en la solapa, que cutre y miserable eres si solo eran 45€ más”, en definitiva, un crowdfunding que daba buen rollo. Pero no.
Dungeons&Darkrooms consta de una cajita con los 25 tiles (losetas), dos láminas con puertas para recortar y un libreto que incluye las reglas, una aventura (cuidado no nos escaldemos de tanto jugar) y los recortables… ¡En el mismo librito! De modo que o bien tiramos de fotocopiadora e imprimimos en cartoncito las cosas, o nos va a quedar un libreto de 10 páginas más tieso que la mojama. Además y para más inri, detrás de los tokens recortables está la página de agradecimiento a los mecenas, con lo cual nos obligan a recortar nuestros propios nombres para poder jugar. Muy feo. ¿No podrían haber puesto láminas aparte, por Gygax?

Y ahora cuidado con lo que voy a decir. Dungeons&Darkrooms cumple con lo que prometió. Losetas con efecto tridimensional, reglas jugables y una aventura inicial (que continuará cada tres meses con ampliaciones que iremos recibiendo los mecenas vía pdf), además de que al contrario que muchos otros cumplieron con los plazos de entrega y mantuvieron informados en todo momento a los mecenas. Pero sinceramente, si yo me encuentro con esto en una tienda y me piden 25 pavos por el juego… No los pago. 

Así que volviendo un poco al tema de antes y a no ser que aparezca algo muy atractivo en el horizonte… Yo ya y tal como diría mi madre… Al título de la entrada me remito.