Hace cinco años...

La motosierra: Rompiendo mitos


La primera vez que vi la película “El ejército de las tinieblas” siendo todavía un crio, me quedé completamente fascinado, no por los monstruos ni el medievo oscuro ni el humor extraño de la película, sino porque el prota, Ash, llevaba una motosierra enganchada en su muñón. A partir de entonces me fijé y me di cuenta de que tal artilugio era algo recurrente en decenas de películas, videojuegos, cómics y otros subproductos. La bella y útil motosierra se mostraba implacable tanto en manos de supervivientes de holocaustos zombis como de asesinos enmascarados en Texas. 


Desde ese momento tuve un propósito en la vida: Convertirme en un experto en el uso de esa herramienta para cuando llegara el momento de utilizarla, convertirme en un héroe cubierto de sangre de… lo que hiciera falta. Y no perdí el tiempo. Me apunté a una escuela taller de jardinería, seis meses de teoría y dieciocho de práctica para conseguir mi primer contrato laboral de verdad y, por fin, llegar ante mi primera motosierra. (Mis pobres padres pensando en que me estaba labrando un futuro y yo pensando en matar monstruos invasores, qué mal hijo he sido.) Había que podar los árboles de una avenida y me enseñaron dos motosierras, una grande y otra pequeña. “¿Cuál quieres?”, me preguntaron, “La grande” dije yo emocionado, “Coge la pequeña que es más manejable.” “No, no, prefiero la grande” “La grande pesa mucho y necesitarás las dos manos…”, “Es igual, quiero la grande”, “Piensa que la grande es muy…” “LA GRANDE HE DICHO”. 


Y a partir de ahí podé parques, jardines, calles y bosques, aumentando mes a mes mi porcentaje de “Ataque con motosierra”, pero al mismo tiempo me desmoralizaba al ir dándome cuenta de que tal aparato, aunque muy útil para el trabajo, de poco me serviría para salvar mi vida. Y me explico detalladamente:




1: Las motosierras pesan un huevo. Todo depende de lo cachitas que uno esté, pero en cualquier caso, aun pudiendo acabar con diez o doce zombis, enfrentarse a toda una horda sería impensable.
Si, muy bonito, pero ni  de coña
2: Las motosierras tienen muy poca autonomía: Un depósito de gasolina muy pequeño hace que tengas que estar continuamente rellenándolo, algo impensable cuando hay unos aliens a punto de absorberte el tuétano de los güesos.
A ver dónde encuentra esta ahora un poco de gasolina mezcla.
3: Las motosierras se atascan en seguida: Si amigos; si cortamos madera seca hay que engrasarla continuamente pero si ésta está verde se forma una pulpa que acaba embozándola  y hay que abrirla para limpiarla. No quiero ni pensar qué pasaría cortando inocentes excursionistas perdidos.
Esto no se que es, pero atasco seguro
4: Las motosierras NUNCA arrancan a la primera. El único caso es cuando vas a la tienda a comprarla, pero una vez la tienes en tu casa hay que darle un mínimo de ochenta veces para que arranquen, y eso es tiempo más que suficiente para  que tu mejor amigo se transforme en hombre lobo y te muerda en el cuello.
 
¿Acaso pensabais que este motorcete daría para más?
Lo dicho. En un caso así no os confieis demasiado.
5 y definitiva: Las motosierras no cortan tanto como parece. Para que sean eficaces hay que moverlas de forma lenta y no en plan hachazo al aire capaz de cortar un tiburón volador de un solo tajo.








Así que como habéis podido ver, he desperdiciado mi vida aprendiendo a utilizar algo que no sirve para aquello que yo anhelaba. Así que espero que mi experiencia sirva para enseñar a otros y que no caigan en mi mismo error. En próximas entregas hablaré de otras armas de jardinería supuestamente mortales como las tijeras de podar, la desbrozadora, el corta setos y el también muy sobrevalorado cortacésped.

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