lunes, 23 de septiembre de 2013

Guerra Mundial Z (La película, cuidado)



Por fin he podido ver la película que toma el nombre (y solo el nombre) del libro que comenté en este mismo blog hace poquito y me ha causado sensaciones tan dispares como el asco o el tedio; Pero no me quedaré con mi subjetiva opinión y trataré de hacer un análisis justo y neutral.


El flim comienza de forma rápida y trepidante, dejándonos pocos minutos para conocer a los personajes, que son la familia de Brad Pitt y un antiguo jefe de éste, cuando comienza una violenta invasión zombi. Hasta ahí bien; sin largas introducciones con un virus escapándose de un laboratorio tras una larga discusión sobre bioquímica molecular entre varios científicos cuerdos y uno chalado como pasa con otras películas que tratan de mostrar el origen de la plaga desde que los padres del culpable se conocieron en el baile de instituto allá por los sesenta. Los zombis aparecen de sopetón como decía y eso sería bueno, de no ser por la curiosa “forma” de esos zombis. Por un lado son zombis que corren (recordad a los llamados “Zombis de Hollywood”), pero que corren mucho mucho, agitando los brazos y sacudiendo la cabeza a lado y lado mientras la cámara tiembla todo el rato. Vale, esto irá a gustos, pero la cosa se va volviendo incoherente a medida que el metraje avanza. Son zombis que se mueven como gatos epilépticos, vale, y que saltan sobre sus presas con la cabeza por delante, como salmones subiendo rio arriba, de acuerdo, pero luego hacen cosas harto contradictorias; son capaces de atravesar la luna de un coche con la cara o caer desde alturas ilimitadas sin hacerse un rasguño, pero se mueren si les arrean con un palo en la cabeza; pueden volcar un autobús con la sola presión de sus cuerpos si se interpone entre ellos y sus presas, pero esquivan hábilmente a un perrito que no les va a servir de alimento; y pueden atravesar muros o puertas blindadas a base de cabezazos, pero no una puerta bloqueada con sillas de plástico. Son los maravillosos zombis-salmón-incoherentes y miedo miedo no darán, pero sorprenden y maravillan por igual con sus proezas de escalada, trekking urbano y parkour.
 
Y presentados los zombis, la película tiene un desarrollo muy parecido al de un videojuego, en el que Bradd Pitt debe sortear cada nivel de una forma determinada, ya sea usando el cerebro, el sigilo o la fuerza bruta. Destacar cabe la escena en la que tienen que pasar frente a una puerta de cristal tras la cual hay un zombi girando la cabeza de forma regular a un lado y a otro. Creo que eso salía en algún Resident Evil. Y hablando de la peli en si, cabe destacar la ausencia de sangre o gore de ningún tipo; así que nada de zombis con los intestinos al aire comiéndose el celebro de un desafortunado viandante; aquí todo es light, limpio y bonito. Zombis para todos los públicos.

Y para terminar, qué decir de la genial interpretación de Bradd Pitt. Pues nada. Parece que éste señor ha decidido seguir la estela de actores consagrados de Hollywood como Richard Gere, Kevin Costner o Mel Gibson y hacer las películas poniendo todo el rato la misma cara. Y es una pena porque por algún motivo me gustaba el rubiales ese, pero que tenga la misma expresión de impasible serenidad tanto corriendo con cientos de zombis-salmón detrás, estrellándose con un avión o despidiéndose de sus hijas. 

Concluyendo: Una película que no me ha gustado la más del mundo A MI, pero que podéis ver si queréis sacar vuestras propias conclusiones, aunque ya os digo yo que A MI me han parecido las dos horas más aburridas de todas las horas de mi vida invertidas en ver pelis de zombis. Y ahora, para que esto parezca un blog serio de cine, voy a poner eso de “Lo mejor y lo peor” ya veréis que bien me queda.
LO MEJOR: Que después de verla, incluso pelis como “Premutos” o “Una virgen entre los muertos vivientes”, parecen buenas.
LO PEOR: La escena que va entre la musiquilla del principio y cuando se pone negro y comienzan a salir las letras.

Minijuego final: Para hacer esta entrada más amena e interactiva, atrévete a encontrar los tres errores ortográficos que, deliberadamente, he incluido en el texto. Habrá más, no tan deliberados, pero yo quiero esos tres.

jueves, 19 de septiembre de 2013

Los Templarios Ciegos (La saga)



Cuando hablamos de cine de muertos vivientes en general y de zombis en particular, debemos remitirnos sin dudarlo a la mítica trilogía de George A. Romero, padre indiscutible del género; Otra trilogía a tener en cuenta es la de “Evil dead” de Sam Raimi, algo alejada del género zombi al uso, pero magnfica de todos modos. Pero como este es un blog mediocre, yo voy a extenderme comentando la tetralogía de “Los Templarios Ciegos” de Armando de Ossorio, unas producciones hispano-portuguesas (con eso ya lo digo todo y no haría falta seguir) de principios de los 70 y rodadas con destino al mercado europeo y estadounidense teniendo en cuenta la censura reinante en nuestro país en esos tiempos.

Los templarios, de jovenzuelos.
El argumento de los filmes se basa en la leyenda de un grupo de caballeros templarios que en su día abandonaron la senda cristiana y se dedicaron a adorar a oscuras deidades que les garantizaban la vida eterna tras realizar sangrientos rituales en los que se alimentaban con la sangre de jovencitas lozanas. Al final, las gentes del lugar, cansadas de tanta tontería, se hicieron con la fortaleza templaria y acabar con ellos, pero ante la amenaza de regresar de la muerte del líder templario, decidieron sacarles los ojos por si volvían de la muerte. Que digo yo que también podría haberse callado y ahorrarse un mal trago, el hombre.. 


Y con esto y poco más, tenemos la base de las historias que pasaré a detallar a continuación para que no se diga que éste es un blog cutre. O que no se diga tanto, por lo menos.
 
La noche del terror ciego (1971): Esta primera película transcurre en un antiguo castillo situado en algún lugar en la frontera entre España y Portugal, donde desaparece una turista y su cuerpo es hallado cubierto de mordiscos. Sus amigos, creyendo que se trataba del acto de alguna banda de delincuentes, van a esclarecer el caso cuando se encuentran con los muertos que salen de sus tumbas sedientos de sangre humana. Como curiosidad, cabe destacar que en esta película los mordidos por los templarios vuelven a la vida en plan zombi y que el hecho de que sean ciegos apenas influye, ya que son capaces de oír hasta los latidos del corazón de sus victimas.

Los templarios, hoy en dia, posando para la foto
En mi opinión es una buena película, con un argumento simplón pero efectivo, con personajes algo estereotipados pero creíbles y con un final que cuanto menos, sorprende. El lado negativo, como es normal en el cine de esa época, los efectos especiales, planos que se repiten mil veces (esas tumbas abriéndose y saliendo la misma manita todo el rato) y la calidad, que no es precisamente Bluray.


Pasen, pasen, y verán el pisisto
El Ataque de los Muertos Sin ojos (1973): Dos añitos después llegó la secuela a la otra peli, repitiendo disfraces, escenarios e incluso actores que habían muerto en la primera. Esta vez los templarios son invocados por el tonto del pueblo al que todos pegan y se monta la de Dios en plena fiesta mayor. Es una peli más sencilla y directa que la anterior, con los templarios cargándose a la gente a espadazo limpio y todos corriendo como locos por allí. Si en la primera ya ponía algo nervioso, en esta segunda resulta desquiciante la lentitud de los templarios, que incluso yendo a caballo se mueven a cámara lenta (literalmente). Al final los pocos supervivientes se refugian en una iglesia donde sale a relucir toda la nobleza y la miseria humana en varias situaciones que recuerdan a la obra de George A. Romero.
Aunque no mola tanto como la primera, se deja ver y tiene alguna escenilla un tanto sobrecogedora, especialmente si uno tiene una hija. Y hasta aquí puedo leer.


El Buque Maldito (1974): La tercera parte de la serie, al contrario que sus predecesoras transcurre en un… buque que bueno, está… maldito. ¿Os lo imaginabais? Ya. El tema es que una agencia de modelos traza un plan genial para publicitar una lancha motora que es el de abandonar a dos bellas chicas en el mar, para después rescatarlas, crear expectación mediática y vender barcas como churros. Lo malo es que las dos señoritas se pierden en un banco de niebla y se montan en un galeón cochambroso encontrándose, como no, con los templarios ciegos muertos vivientes que han cambiado de tumba pero siguen siendo los mismos de siempre. Después de tal encuentro, el jefe de la agencia, su novia, el fotógrafo, Bárbara Rey y un experto en cosas del mar se van en su búsqueda en plan expedición aventurera pero súper mal organizada (a Bárbara Rey la viola el fotógrafo por el camino) y la cosa se les complica bastante.



No, si la culpa es de ellas que van provocando.

Aquí había más presupuesto, se nota; y el cambio de escenario aporta algo de frescura a la peli, lo que la hace más amena. Pero por algún motivo, en esta no salen tetas (que vale que no es algo imprescindible, estarían más justificadas que en las otras dos películas donde sí que salen como si nada); aunque tengo la sospecha de que a lo mejor la copia que tengo en mis manos haya pasado por algún tipo de censura. Quién sabe.

La Noche de las Gaviotas (1975): La película que cierra el ciclo nos devuelve al pueblecito de siempre, donde un médico y su mujer se encuentran con el hermetismo de los pueblerinos ante los cánticos nocturnos, las gaviotas que se desmadran y las chavalas que desaparecen. La respuesta está en los templarios, a los que las gentes del lugar entregan a las chicas más jóvenes y atractivas que tienen para que les dejen en paz. Y yo me pregunto si realmente les merece la pena en un pueblo tan minúsculo acabar con toda la población femenina de esa forma. La cosa es que cuando el médico comienza a investigar todos se muestran recelosos y antipáticos hasta el asco y luego no sé qué pasa porque hice una pausa para ir a mear y ya no fui capaz de terminar de verla. Y es que cuatro pelis de muertos ciegos seguidas son muchas pelis de muertos ciegos, amigos.
Serán ciegos y llevarán quinientos años muertos, pero van a lo que van, los tios.

Así que os dejaré con la duda, seguramente para siempre, de cómo acaba todo el tinglado este de los templarios muerdepezones (habría sido un título quizás más acertado para la tetalogía… digo tetralogía), aunque si alguien puede aportar algo de luz a este triste blog, bienvenido sea.