lunes, 14 de diciembre de 2009


Mi vida tal como la conozco comenzó a los 13 o 14 años, tampoco voy a ser demasiado exacto, cuando cayó en mis manos el mítico juego de Hero quest.
Este simplón juego de tablero permitía encarnar a un héroe que se movía por un mapeado lleno de trampas, tesoros y monstruos en busca de la espada que podía derrotar al caos o no se que tópico similar. Pero las virtudes de este juego eran muchas más que las que proporcionaba la caja.
En primer lugar, era la primera vez que encontraba una experiencia de juego en casa que pudiera emular a videojuegos como el "King Of Dragons" o el "Knights Of The Cross", sin necesidad de desplazarme a pagar cinco duros por partida. Además, aparecía por primera vez en mi vida la figura del "Master", que ya me acompañaría hasta el dia de hoy. Pero lo mejor, mejor, mejor... sin duda era el hecho de que no solo me gustaba a mi, sino que compartía esa afición por el juego con la totalidad de mis amigos lo que nos proporcionó horas y horas de juego. Todavía recuerdo las tardes y noches que pasabamos con el tablero sobre mi cama y todos arrodillados alrededor ignorando la incomodidad.
Fueron buenos tiempos (un verano creo recordar), pero terminaron y dejaron paso a otros juegos mas complejos de los que algun dia hablaré.

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